sábado, julio 06, 2013

Batman Begins con esteroides (crítica, o así, de "El hombre de acero")



Ya aviso que no tengo ni pajolera idea de hacia adónde va este artículo/crítica/pajamentaloide basado en "El hombre de acero" CON, AVISO CON TIEMPO, SPOILERS A TUTIPLÉN. Habitualmente me siento al teclado con un plan someramente establecido, pero en esta ocasión lo único que traigo es un bote de helado de nueces de macadamia en sus últimos estertores. La culpa de esta indefinición la tiene, paradójicamente, que acabo de llegar de ver "Star Trek: en la oscuridad", y su visionado me ha retrotraído a la película de Zach Snyder a través de sus similitudes y sus contrastes. "Star Trek 2", que NO ES UNA BUENA PELÍCULA EN ABSOLUTO, levanta el vuelo en varios aspectos en los que el nuevo Superman se da de bruces; pero a su vez incide en defectos similares y del tamaño de Krypton. Y todo, todo ello, basado en la historia que nos cuentan. No, ni el guión, ni el argumento: LA HISTORIA, y los mecanismos que nos llevan a través de ella. Fallas enormes inherentes a la gran mayoría de blockbusters de los últimos años, y que voy a intentar explicar a través de "El hombre de acero". Por supuesto, voy a fracasar en el intento, porque si no no estaría escribiendo un blog que ridiculiza la palabra "minoritario", pero es que tampoco tengo otra cosa que hacer esta noche: el teléfono de Monica Bellucci sigue comunicando, maldita sea.

Bien, "El hombre de acero" ("Man of Steel", MoS a partir de ahora) (según las leyes marcbranchesianas de la pereza) es un film con algunas buenas ideas que nunca, nunca llegan a buen término por dos razones principales: a) fracasa estrepitosamente en la delineación de la historia, b) fracasa estrepitosamente en el desarrollo de los personajes, y c) "¡¡NOSOTROS TAMBIÉN QUEREMOS NUESTROS VENGADORES!!". a) y b) son responsabilidad de Christopher Nolan y David S. Goyer, guionistas y responsables de la historia; c) es responsabilidad de Warner Bros, desesperada por imitar el plan "universo unificado Marvel" que tan bien le está saliendo a Disney. En todo caso, voy a empezar por apuntar los haberes de MoS, que también los tiene, y para que nadie me acuse de "hater".

Henry Caviil es un buen Superman. Un muy buen Superman. Aparte de dar físicamente el pego (diría que es pelín bracicorto, pero probablemente sólo esté hablando la jodida envidia al otro lado del espejo), transmite alternativamente la nobleza y la fiereza necesarias e indisociables de este icono de la cultura pop. Aparte del protagonista principal, la cinta está trufada de pequeños momentos que permiten adivinar lo que podría haber sido esta película si se hubiera dado rienda suelta a las ambiciones con las que se han acercado Nolan y Goyer a ella. El olor a Malick de algún plano en Smallville; el momento en el que Superman aprende a volar; las dos escenas que comparten Clark y su madre (de pequeño y de mayor), la siempre sobresaliente Diane Lane; la idea de las influencias contrapuestas de ambos padres de Clark; la idea del mundo aséptico y militarizado de Krypton. Como podéis observar, más ideas que otra cosa.

Ideas que desembocan en NADA. O mejor dicho, en un sinfin de destrucción, casquería, escombros, explosiones, BADABOUMBINGBANGZAFSBOUUUMMMM!!!! que se apodera del último tercio del filme hasta el aturdimiento. Y las ideas se van al desguace junto a la coherencia narrativa. Un descanso para la publicidad y seguimos.




Coherencia narrativa. Arcos (ARCOS) dramáticos. Llegar a los lugares a los que quieres ir, en lugar de plantarte en ellos. Mostrar antes que explicar. Elementos imprescindibles a la hora de narrar historias que los blockbusters veraniegos se empeñan en ignorar una y otra vez. MoS es un ejemplo absolutamente paradigmático de lo que está fallando en esta industria: es una película cuyas ambiciones exigen un alcance relativamente minoritario de espectadores, pero su condición de columna jónica de la mismísima existencia de "Justice League" acobarda de tal manera a sus responsables, que dejan a la película con los colgajos al aire. En realidad, la crítica se podría resumir en una hipotética frase de algún productor (probablemente Jon Peters: hay osos polares, y hay naves con forma de araña, ojo) que sonaría tal que así: "¿que faltaban hostias en "Superman Returns, dijo el público? TOMAD HOSTIAS". Y, mira, lo aceptaría como un mal menor si cumpliera las expectativas en el resto del largometraje. Pero no.

Mirad, gente: en mi opinión (y en la de tipos como Film Crit Hulk, al que recomiendo encarecidamente), filmes como el que nos ocupa, "Star Trek: etcétera" o "Prometheus" adolecen de lo mismo: plantean una serie de acontecimientos clave, y tratan de adaptar las características y reacciones de sus personajes a ellos, utilizándoles como simples herramientas. Intentan que nos creamos las relaciones interpersonales sin molestarse en CONSTRUIR. Ejemplo: ¿por qué quiere salvar Clark Kent a la humanidad? ¿Qué experiencias le empujan a ello? ¿Dónde se modela la relación sentimental entre Lois y Clark (ya os lo digo yo: en el culo de los guionistas)? ¿Qué pretende Jor-El al enviar a Kal a la Tierra?  ¿Exactamente cuál es el mensaje que le quiere transmitir Jonathan Kent a su hijo? ¿Zod... Zod, QUÉ? Más preguntas después de la publicidad.


Antes mencionaba y subrayaba el concepto ARCO dramático. ¿Cuál es el arco dramático del personaje de Clark? ¿Qué aprende, cuál es su evolución? Es muy difícil viajar con un personaje, y por tanto empatizar, si no somos capaces de observar su evolución personal. Esto es lo que ocurre con Superman en MoS: te pones de su lado porque sabes que es el héroe, el icono, el bueno de la película; pero se hace difícil identificarse con él cuando sólo se nos muestran retazos que no parecen encajar los unos con los otros (y cuando el supuesto clímax trágico de su juventud es una escena que implica la salvación de un perro que NADIE HABÍA VISTO ANTES y una resolución vergonzante). Esto es un verdadero inconveniente cuando se supone que es una película de orígenes. Y no será porque no lo saben hacer: los mismos Nolan & Goyer se molestaron en cimentar durante MEDIA JODIDA PELÍCULA las motivaciones, las flaquezas y el aprendizaje (físico y mental) de Bruce Wayne en "Batman Begins". Pero claro, con BB las expectativas no eran las mismas: veníamos de "Batman & Robin" y cualquier cosa que no sonara a batpezones era aceptado sin pegas. La coyuntura de MoS es muy diferente.

Otra muestra de lo que supone la pereza narrativa: mientras Zod y Supes se arrean a base de bien, nos van colando una escena de supervivencia crítica que implica a Perry White y una especie de Jimmy Olsen femenina, dos personajes que apenas han estado deambulando por la cinta. Debido a que gracias a la ausencia de trabajo narrativo previo estos dos personajes nos importan un higo, la escena sólo funciona para desviar la atención de la principal. O sea, molestar. Eso por no mencionar que la trascendente decisión final de Superman respecto a Zod (SPOILERACO GORDO matar a Zod para salvar a una familia random FIN DE SPOILERACO GORDO), que según la tradición del icono debería haberle enviado a un psicólogo inmediatamente, se remata en la película con una chusca escena en plan "hola, coronel, el dron espía se lo puede meter por el ojete, pero aparte de eso, todo bien, gracias. Y sí, estoy muy macizo". Un espanto del que salvo a Zach Snyder porque ignoro cuál es su participación en la historia; en cuanto a su labor exclusiva como director, se agradece que aparque los ralentís, y es competente en las escenas de acción. No mucho más. Último corte publicitario, tras el cual responderé a la pregunta: ¿qué es el córtex?



Fácil: ni puta idea. O más explícitamente: es como el aceite negro de "Prometheus". Una serie de confusas explicaciones pseudocientíficas no evitan la idea de que en realidad es una excusa para no tener que elaborar  argumentos y motivaciones más elaborados. En este sentido, es un poco como la bomba de "The dark knight rises", una manera pobre de justificar una situación atractiva para el espectador. En serio, gente: podría dar decenas de ejemplos más de vaguedades narrativas, ausencia de conflictos (¿no es el conflicto la esencia de toda historia de ficción?), pero creo que ya son suficientes palos para MoS. En realidad, no tanto para MoS como para la manera de hacer blockbusters veraniegos, o grandes filmes hollywoodienses, o como queráis llamarlos; "Star Trek 2" es una película menos ambiciosa, pero no por ello imbuida de las mismas carencias: las cosas ocurren porque sí, no porque las circunstancias y las personalidades de los personajes nos lleven a ellas.

Y así se me hace imposible implicarme en las peleas, destrucciones y enfrentamientos finales. No hace falta utilizar media película en la construcción de personajes y arcos (por ejemplo: "Los increíbles" necesita cinco minutos para que conozcamos a la perfección a sus protagonistas y su manera de interaccionar), simplemente hay que empezar la casa por los cimientos, cuidar la escritura y entender que cuanto más conocemos a un personaje, más empatizamos con él, y más nos afectará su destino. Y si no, pregúntense por qué "En busca del arca perdida" es una de las mejores películas de aventuras de la historia del cine. ¿Es por la espectacularidad de sus escenas de acción, o es por el carisma y la tridimensionalidad de un personaje, Indiana Jones, al que a media película sentimos que conocemos a la perfección?

El conceto, amigos míos, el conceto.


jueves, junio 27, 2013

Searching for Anna Draper





SI NO HAS VISTO EL 6X13 DE "MAD MEN", DO NOT CROSS



"Mad Men" ha finalizado una sexta temporada de desarrollo irregular y de interés creciente con un capítulo sublime que, como todos sus season finale, obliga al replanteamiento revisionista de sus episodios anteriores. El opening de la temporada invitaba a pensar en la muerte como centro neurálgico argumental, y por tanto se sospechaba el deceso de algún personaje importante (mi favorito era Roger, y más después de verle juguetear con naranjas. Supongo que he visto demasiadas veces "El Padrino"). De alguna manera, así ha sido, pero de una manera simbólica: R.I.P. Don Draper, o por lo menos el Don Draper que conocemos. Dick Whitman, cual Beatrix Kiddo en tumba de madera, se abre paso a través de la tierra quemada bajo la que había sido enterrado y abre una nueva dimensión del personaje de cara a su séptima y última temporada.

Y es una dimensión inesperada. Inesperada porque surge de una concatenación de derrotas impensables en el triunfador Draper, culminadas por el fatality definitivo: su expulsión de la empresa de publicidad (no me hagáis decir cómo se llama), tan barnizada de temporalidad como la de Freddy Rumsen en su momento. Bien pensado, no es cierto lo que estoy diciendo. El punto más bajo en la temporada de Don es la pérdida virtual de su hija Sally después de ser pillado con los pantalones bajados encima de una Sylvia cualquiera. Es esta derrota la que le hace recogerse en posición fetal y plantearse la necesidad de una huida que le ofrece Stan en bandeja.


California. Durante toda la serie, las apariciones de Don en la soleada, pizpireta y relajada California han dejado huella en el publicista y en nuestras retinas. Al final de la 2ª temporada, con aquella familia nómada; al final de la 4ª, en unas vacaciones de las que emerge una boda impensable con Megan; o en mitad de esta misma 6ª, en una fiesta psicodélica en la que Draper está a punto de ahogarse en una piscina después de un mal viaje (hay que ver lo mal que le sientan a Don las drogas, en comparación con su tolerancia al alcohol). Pero, por encima de todo, California es Anna Draper. Don no quiere ir a California con Megan: Don quiere volver a encontrarse con Anna Draper.

Don quiere volver a ser Dick Whitman, maldita sea.

Pero Anna Draper está muerta, y la sustituta oficial ordenada en el glorioso "The suitcase" (4x07), Peggy Olsen, ha dejado su cargo a disposición de la junta: bastante tiene con sus vaivenes al pairo de las decisiones de los demás, como para atender a las necesidades de un hombre por el que, además, se ha sentido traicionada. Así que no hay Anna Draper ni sustituta que encienda el interruptor de Dick Whitman, y este decide resucitar por sí solo, y es en una escena extraordinaria. Mientras Don Draper ejerce de sí mismo en la presentación de la campaña para chocolates Hershey's, apelando a la nostalgia y equilibrando mentiras y verdades de manera que nos lleva invariablemente al carrusel de Kodak en "The wheel" (1x13) (pero de manera menos emotiva, pues ya le conocemos el truco al mago, que es lo peor que les puede pasar a los magos), y toda la mesa del negocio observa satisfecha la brillantez de su mojo, ocurre lo impensable. Don no puede retener a Dick por más tiempo, y este, cual xenomorfo ridleyscottiano, brota inopinadamente de su cuerpo y se aparece a los sorprendidos chocolateros: "soy huérfano, me crié en una casa de putas, mi vida ha sido una farsa, ustedes no deberían confiar en mí para esta campaña, WHY SO SERIOUS?". Vale, no es textual pero ese es el mensaje. Tal es el sentimiento de liberación de Don/Dick/whoever, que acto seguido le ofrece a Ted Chaough la plaza californiana que este le había implorado, también en busca de su Valhalla particular. La resurrección de Dick se completa con el plano que encabeza el artículo, el momento en el que le enseña a sus hijos el edificio semiderruido y andrajoso en el que se crió. La mirada de Sally (gran Kiernan Shipka), entre sorprendida y comprensora, parece decirt algo así como "hola, papá, soy tu hija, encantada de conocerte. Por fin". 




Como decía al principio, ha sido una temporada algo irregular dentro de la grandeza a la que nos malacostumbra "Mad men". No le sienta bien a la serie la aproximación estética a los setenta, desde mi punto de vista quizás inmovilista (todas esas patillas y barbas despiertan mi empatía con Hannibal Lecter), aunque comprendo que es necesario. Quizás de lo que más ha adolecido ha sido de un mayor fulgor de sus habitualmente magníficos secundarios, muchos de los cuales han quedado algo sepultados por los fracasos múltiples de Don. Pete Campbell ha sido la excepción. Matthew Weiner no sólo ha continuado su costumbre de apalearle inmisericordemente, sino que se ha regocijado cual cerdo en charca de barro. Pete (guiado de la mano de un excelso Vincent Kartheiser) ha maldecido, fracasado, planeado, follado, triunfado y tropezado sin solución de continuidad, en su ciega búsqueda de sintetizarse en clon de Don Draper. No lo ha conseguido, pero a cambio ha aprendido un par de cosas: la más importante, "que quería ser libre, pero no de esa manera". Pocos personajes de la historia de la ficción televisiva se han empeñado en resultar repugnantes al espectador, y fracasado en el intento, como Pete Campbell.




Finalmente, unos apuntes a ráfagas, que he quedado para un brunch estilo "Mad men" y ya me han crecido las patillas lo suficiente:

- Las teorías que han sobrevolado internet al respecto de Bob Benson durante las últimas semanas han sido alucinógenas. Dejando eso aparte, el arribista personaje ha ido creciendo en importancia e influencia durante la temporada. Impagable la aparición (y su misma existencia) del ceremonioso Manolo. La historia de Bob, Manolo, Pete, su madre y el barco dan, como he leído por algún sitio, para una novela de Patricia Highsmith. 

- Peggy ha tenido bastante protagonismo, pero no ha sido la excéntrica y arrojada Peggy que conocíamos. La salva su extrema competencia en su trabajo, pero por lo demás se ha dejado arrastrar por los hombres de su alrededor, cayendo incluso en el tópico de affaire-con-mi-casadísimo-jefe, hipnotizada por la cara de bueno de un Ted Chaough que en el fondo no deja de ser un Don Draper abstemio.

- Para nuestra desgracia, secundarios capitales como Joan y Roger, especialmente este último, no han tenido demasiado qué hacer durante esta temporada. Joan tuvo su pequeño momento de gloria en "A tale of two cities" (6x10), donde comprobó que lo que ganó prostituyéndose para conseguir ser socia de la agencia, lo perdió en respeto profesional y personal. Es hasta incómodo verla en las reuniones de socios ejercer de simple secretaria, o, peor, de figurante. 

- Harry Hamlin está vivo. Amazing (casi tanto como sus gafas XXL). Pensé que se lo había tragado la tierra después de "La ley de Los Ángeles". Pero no.

- La figura de Betty Draper se ha transformado y moldeado cual plastilina durante este año. Desde hace unas temporadas se mantiene en un discreto tercer plano, pero siempre se las arregla para brillar, en este caso en el episodio "The better half" (6x09), en el que ejerce por primera vez de "la otra" con Don, y en el que ofrece dogma de fe post-coital: "pobre Megan. No sabe que quererte es la peor manera de llegar a ti". Aún no he conseguido descifrar si lo de "pobre Megan" es compasivo o despectivo. Probablemente las dos cosas: Betty es así de maravillosamente compleja. 

Quizás no ha sido una temporada redonda, pero sí una de las más apasionantes y adictivas de la serie de Matthew Weiner. No puedo esperar a empezar a deglutir la que, en principio, será la última temporada de una serie de la que jo vamos a saber medir su importancia e influencia hasta que eche el cierre. Mientras tanto, bienvenido de nuevo, mr. Whitman. 

jueves, junio 20, 2013

Abrupto fundido a negro en el Bada Bing



Levantarse de la cama con cierta dificultad. Prepararse los cereales. Repasar la prensa por internet. Volver a ver el regate de Neymar. Leer que James Gandolfini ha muerto repentinamente a los 51 años mientras estaba d vacaciones en Italia. Recoger quijada del suelo. Encadenar una serie de expresiones de creciente mal gusto. Ver parte de su entrevista en "Inside Actor's Studio" y recordar la sensación de calma que transmitía cuando no interpretaba. Contrastar mentalmente con la intensidad comeniños de todos y cada uno de sus personajes más allá de Tony Soprano. Hacer un repaso mental, tratando de obviar el recurso fácil de Imdb, de los papeles que le recuerdas ("Amor a quemarropa", "In the loop", "The mexican", "Marea roja", "La noche más oscura") y detenerte especialmente en uno de los últimos, el de "Mátalos suavemente", en el que en un par de escenas da un recital de matización de un personaje. Lamentar que Scorsese y Gandolfini nunca hayan cruzado caminos. Asociar una palabra a su persona: PRESENCIA. Colgar post homenaje en el semiabandonado blog. Decidir ser jodidamente original e incrustar, como seguramente estará haciendo en el mismo instante el 90% de los blogs de cine y series que se precien, el polémico, abrupto y genialérrimo final de "Los Soprano".





Esta ha sido mi mañana.




Rest in peace, James Gandolfini. Too fuckin' early.

martes, junio 04, 2013

Batploitation





















Pruebas del dibujante Francesco Francavilla para un hipotético proyecto "Batman 1972" publicadas en su blog Pulp Sunday.



Por favor, ese Gordon estilo Serpico. NO SE PUEDE MOLAR MÁS.




(vía la buena gente de Zona Negativa)

martes, mayo 28, 2013

Carlton & Jacko





Dudo que nadie con más de 30 años y conexión wi-fi no haya visto ya el video de Will Smith en el programa de Graham Norton en la BBC, en el que hay una gloriosa aparición sorpresa de Alfonso Ribeiro bailando el Carlton Dance que popularizó en "El príncipe de Bel Air" y PETÁNDOLO. Muchos comentarios podrían hacerse sobre el contraste entre los carismas de Smith Sr. y Jr., el desenfreno pastillero de Heather Graham o la cara de eclipsado oficial de Bradley Cooper esperando resignado a que acabe el show.

Pero este post no va de eso, sino de un pequeño tesoro que he encontrado por ahí (ahí=Youtube). Es un anuncio de Pepsi en el que Michael Jackson no tiene ningún escrúpulo para adaptar la letra de su "Billie Jean" a las necesidades de azúcar de una generación. El hallazgo de este video no es ese sacrilegio, ni la presencia como figurantes de algunos de los componentes de la familia Jackson (Five), sino el niño pequeño que mantiene el tipo bailando al lado de Jacko con la celebérrima chaqueta de cuero rojo. ¿Alguien lo reconoce?




Efectivamente, es Alfonso Ribeiro, comenzando a fabricar ya desde pequeño su inolvidable personaje de Carlton Banks. Aunque el bailecito encocado que le llevó a la CELEBERRIDAD al ritmo de "It's not unusual", y que aquí servidor ha utilizado en más de un fin de fiesta difícilmente recordable, no se lo robó a Jacko, sino a Courteney Cox en su anónima aparición en el videoclip de Bruce Springsteen "Dancing in the dark" (a partir del minuto 3:30 aquí), según ha reconocido el propio Ribeiro. Pero la influencia del rey del pop quedó grabada a fuego en la caracterización de Carlton, uno de los secundarios más memorables de la televisión, y si no comprobadlo vosotros mismos.



viernes, mayo 17, 2013

El honesto Prometeo







Los "Honest Trailers" son una gamberrada que se les ocurrió hace algún tiempo a la gente de la web Screen Junkies, una revista digital de actualidad cinematográfica y televisiva que se lo toma todo con bastante cachondeíto. Estos supuestos "trailers" tienen la virtud de señalarte los fallos de guión, las incongruencias, las malas interpretaciones y las intenciones ocultas de las películas que reseñan, todo con un tono saludablemente destroyer: cuanto más mala es la película referida, más divertido es el "trailer honesto". En este sentido, con la saga "Crepúsculo" han conseguido una auténtica mina. Pero el que os traigo no lo protagoniza Kristen "de pequeña me caí en una marmita de maría" Stewart, sino Noomi Rapace: "Prometheus", la no-pero-sí-pero-no-sólo-un-poquito-precuela de "Alien" que tantas expectativas desató como decepciones provocó. Visualmente impactante pero con un guión calamitoso del que Damon Lindelof se ha llevado los palos que le correspondían, y además los que le tocaban a su coguionista Jon Spaihts, que se ha ido de rositas de este despropósito. El "trailer" no tiene desperdicio (ojo a lo de los ritmos cardíacos, digno de película de la Troma) en cuanto a despedazar el filme, pero si no habéis tenido suficiente, en este enlace está el "abridged script" del filme que realizan los no menos abrasivos colegas de "The editing room", que hacen una cosa similar pero mucho más trabajada, utilizando, en lugar de trailers, unos supuestos guiones absolutamente tronchantes. Y muy honestos, por supuesto.

domingo, mayo 12, 2013

Hannibal, o el cazador cazado





"Hannibal" era, desde su mismo anuncio, un proyecto que daba mucho miedo. Y no precisamente por su temática. No parecía que hubiese mucho más que contar de un personaje mítico que ya había sido demasiado exprimido tanto en cine como en manos de su creador Thomas Harris: el "Dragón rojo" del funcionario Brett Ratner se olvidaba a los diez minutos de haberla visto; "Hannibal, el origen del mal", la película, traslada a la perfección la anodina mediocridad del original literario. ¿Una precuela serializada situada cronológicamente antes de "Dragón rojo"? Las bocinas y las señales luminosas con DANGER iluminando Hollywood las podía percibir cualquier conocedor del personaje (esencialmente, TODO EL PUTO MUNDO). Además se iba a emitir en una cadena generalista, que habitualmente lleva escrito el "para todos los públicos" en cada esquina de la pantalla. La esperanza se limitaba al currículum de su showrunner, Bryan Fuller (creador de la serie de cultísimo "Pushing daisies"), y a la elección del magnífico Mads Mikkelsen para el papel del culinario doctor. Y sin embargo, el trailer malroller nos hizo pensar que sí, que quizás había ahí algo.

Siete episodios después, está claro que lo hay. Por desgracia, todo lo bueno que tiene la serie es lo que la está estampando contra los índices de audiencia americanos, a unos niveles que suelen conllevar guillotina. La frase que más se escucha entre las críticas, buenas o malas, que recibe la serie, es "debería emitirse en un canal de cable". Ya sabéis como somos los gafapastas seriéfilos: desdeñamos todo lo que se emita por canales generalistas, excepto si es la BBC, off course. Pero la sentencia no deja de ser cierta. "Hannibal" es una serie muy difícil de digerir (nunca mejor dicho) para el público norteamericano medio, ese que se sienta por la noche a ver la tele en un sofá desvencijado de Iowa con una cerveza y un cubo de Kentucky Fried Chicken. Y no sólo por la crudeza expositiva de los sanguinarios crímenes que se ven -que también-, sino por la naturaleza misma de la serie: la rodea una atmósfera malsana, casi irreal, pesadillesca; unos diálogos densos, pantanosos, que no te permiten apartar la atención a riesgo de desconectar de la trama; unos personajes rasposos, poco empáticos, no demasiado dispuestos a que te identifiques con ellos. El universo de "Hannibal", apuntillado por una banda sonora que suena como arañazos en una pizarra, se balancea entre el gris y el negro, sometido impenitentemente a las leyes de la fatalidad; como si el diablo hubiera ganado la batalla definitiva y los agentes del bien se resignasen a intentar hacer del infierno un lugar habitable. Desde aquí destaca el perfil del protagonista, que no es Hannibal Lecter (un acierto: Lecter funciona mejor desde un cierto segundo plano) sino el agente especial Will Graham, del que sabemos que será el que finalmente cace a nuestro gourmet favorito, y que aquí toma los rasgos de un desequilibrado, angustiado, arisco y enfermizo Hugh Dancy.

FROM HERE, SPOILERS HASTA EL 1X07

El sexto episodio parece haber dado la salida al armamento pesado de la serie: varias referencias y homenajes más o menos velados al universo de "El silencio de los corderos" (el psiquiátrico de Baltimore, el dr. Chilton, la estudiante del FBI que nos recuerda irremediablemente a Clarice Starling, algún que otro guiño de diálogo) , la exposición del primer crimen de Lecter que vemos en pantalla, y lo que parece el arranque definitivo de la trama transversal principal de esta primera temporada, en la que su condición de serie de canal generalista obliga a seguir una cierta estructura de serie procedimental. Además, en el 1x07 ha aparecido por primera vez un personaje al que cualquier seriéfilo con cara y ojos ha de esperar con libidinosa expectación: la psiquiatra de Hannibal interpretada por la cada vez más MILF Gillian Anderson. No sé si estas armas serán suficientes para remontar la audiencia; quizás sea más realista confiar en que NBC considere a "Hannibal" su "Community" dramática: una serie de calidad minoritaria que eleve el prestigio de la cadena y su repercusión en las redes sociales. Más utópico resulta confiar en que se cumpla el plan original de Fuller: la cuarta temporada correspondería con la época de "Dragón rojo", las quinta y sexta  con "El silencio de los corderos" y la séptima y última con "Hannibal". Aunque si la MGM no lo remedia y cede, sin ninguno de los personajes aparecidos originalmente en "El silencio de los corderos" (sin ir más lejos, Clarisse), de los que no hay manera que cedan los derechos. Si se cumpliera todo este megaplan sería una experiencia orgiástica, y por soñar que no quede. Pero siendo realista, me conformo con que las recetas del doctor Lecter sobrevivan a esta temporada. Bon appetit.

miércoles, mayo 08, 2013

David Bowie vs. Youtube





Youtube ha vetado este videoclip de David Bowie (que hace 20 años lo hubiera protagonizado Madonna) por, según ellos, infringir las condiciones de uso (o lo que en castellano moderno llamamos MOÑERÍA). Esa es la principal razón por la que lo cuelgo, pero hay más. Por Gary Oldman, uno de los grandes actores vivos y eterno comisario Gordon. Por el tema musical en sí, que me parece cojonudo. Y por Marion Cotillard, que es la luz que ilumina nuestros caminos.

miércoles, abril 24, 2013

Hall of pufos: Rony Seikaly


El capítulo MLCXVIIII,78215 del inacabable culebrón "Aíto vs. Estrellas del basket" lo protagonizó Rony Seikaly en el invierno del año 2000. La enésima historia de un jugador con pedigree NBA que, por razones X (generalmente, X=gandulería/prejubilación Torremolinostyle/nbacentrismo), se muestran incapaces de adaptarse al estilo de juego y de vida FIBA (en realidad, al estilo de vida muchos sí se adaptan. Hasta demasiado) fue la de este libanés que aún posee varios récords históricos de la franquicia en la que triunfó, los Miami Heat, y del que se dice, quizás con excesivo ánimo mitológico, que su salida anticipada del Barça provocó la explosión de Pau Gasol.

El Barcelona había conseguido un inmaculado cero en su cosecha de trofeos de la temporada 1999-2000, coronada con la famosa liga ACB ganada por el Madrid de Djordjevic en el mismísimo Palau a un equipo prometedor pero mal rematado en todas las posiciones: Goldwire, Gurovic y Alston fracasaron como locomotoras del proyecto, y había que buscar otras nuevas. En el alero alto acabó llegando un viejo amigo, Arturas Karnisovas; en el base un joven y prometedor lituano llamado... Saras Jasikevicius. En el pivot, después de manejar opciones de distinto signo, se fijaron en una vieja gloria de 35 palos, cuya última época había sido masacrada por las lesiones, hasta tal punto que el último año lo había pasado en blanco: Rony Seikaly. Ojo, que no era un cualquiera: Premio al Jugador con más Progresión de la NBA en 1990, multitud de récords de franquicia en Miami Heat, y unos promedios de carrera de jugador importante: 14,7 puntos y 9,5 rebotes. En su momento, en su posición sólo estaban por encima los grandes: Shaquille, Robinson, etcétera. Pero su año sabático forzoso creaba muchas dudas entre los equipos americanos, y el Barcelona aprovechó la circunstancia para cazar a un nombre de referencia que arrastrara expectación. Y lo hizo. Sólo que no de la manera que todos imaginábamos.



En los pocos encuentros que disputó, y refiriéndonos exclusivamente a lo visto en las canchas, Seikaly mostró tanto su calidad de movimientos al poste como una falta de sensibilidad en el tiro que afectaba a sus porcentajes. Se suponía que tenía que jugar de 4, puesto que el Barça ya tenía dos cincos muy claros en plantilla, Dueñas y Elson, y no se encontraba del todo cómodo a cierta distancia del aro, errando tiros fáciles y perdiendo balones. Por otro lado, el jugador libanés nunca congenió con Aito; no se pueden imaginar conceptos más contrapuestos que García Reneses (paradigma del colectivismo, solidaridad táctica y medioplacismo) y la típica estrella NBA (YO-ME-MI-MYSELF-RIGHT FUCKING NOW), y pasó lo que tenía que pasar. Visto en perspectiva, el error estratégico del fichaje de Seikaly fue mayúsculo, y sorprendente si hablamos de dos mentes tan preclaras como Aíto y Salvador Alemany. Desde el punto de vista táctico, lo que necesitaban era un interior móvil (lo que era el defenestrado Alston) que pudiese complementarse con Dueñas, Rentzias y Elson. Desde un prisma personal, Seikaly, un tipo alegre, inquieto, fiestero (es coleguita de Bertín Osborne: a eso le llamo yo PETARLO), casado con una supermodelo y amante de la buena vida de Florida, así como acostumbrado en la enbiei a ser fin de muchos sistemas, no podía encajar nunca en el ascetismo aitista. 3 partidos de ACB y 4 de Euroliga fueron suficientes para demostrarlo.


El inicio de temporada del Barcelona fue bastante dubitativo, de mal juego y algunas derrotas inesperadas, a pesar del esfuerzo de unos veinteañeros Navarro y Gasol, y de un Jasikevicius que empezó la temporada como un trueno. Pero Seikaly no despertaba, y un partido en pista del London Towers fue la inesperada puntilla. Rony sólo jugó 12 minutos, en los que no lanzó a canasta ni una sola vez pero perdió cuatro balones. Aíto rajó públicamente en rueda de prensa ("he visto a Seikaly muy mal") y al libanés le entró tal ataque de cuernos que no viajó con el equipo a Barcelona, se quedó un par de días de parranda en Londres, y no se presentó al entrenamiento correspondiente. Fue la excusa que necesitaba el club, ya bastante convencido de haber errado el tiro, para sacárselo de encima. Después de varios dimes y diretes, club y jugador llegaron a un acuerdo de rescisión de contrato.



 Seikaly se fue con el rabo y 75 millones de pesetas entre las piernas, no sin antes dejar su sello con su correspondiente rajada ("Aito es el peor entrenador que he visto nunca"), que por cierto repitió hace unos años en Marca. No volvió a jugar a baloncesto. Mientras, el Barça, que sustituyó al libanés con el veterano Savic, encararía una racha extraordinaria de partidos ganados que desembocaría en un doblete liga-copa y la explosión Gasol a partir de la Copa disputada en Málaga. Aunque históricamente se relaciona la marcha de Seikaly como el detonante de la aparición de Gasol en el equipo, lo cierto es que Pau ya estaba jugando, y destacando, con Seikaly. Y, conociendo al entrenador madrileño, y observando lo bien que se complementaban Dueñas y Gasol, dudo seriamente que Seikaly hubiese obstaculizado demasiado la progresión en minutos y protagonismo del de Sant Boi.

¿Y qué es de Seikaly ahora? Pues al buscar "Rony Seikaly" en Youtube me he quedado muerta-oyes: prácticamente todos los resultados de la búsqueda son vídeos musicales como este (abstenerse epilépticos), casi ni rastro de su etapa baloncestística. Por lo visto, es un DJ "house" de éxito, aparte de un multimillonario florideño-copón bendiAMIGO DE BERTÍN OSBORNE JODER. Sí, se divorció de esta señora, pero no se puede tener todo, ¿verdad?


jueves, abril 18, 2013

Acero por forjar






Seguimos con temas relacionados con el cómic, aprovechando que el Pisuerga pasó por Valladolid y el Saló del Comic por Barcelona. Hoy cumple 75 años Superman, lo cual esencialmente me la refanfinfla, y ha aparecido el trailer definitivo de "Man of Steel", lo cual esencialmente no. De este avance me congratula:

- se confirma el tono sugerido por los trailers anteriores.
- el tema de Hans Zimmer que suena, que él mismo ha confirmado que forma parte de la BSO original, es una gosada.
- Henry Cavill, en ese plano en el que le responde a Lois Lane/Amy Adams sobre el significado del símbolo del pecho... ES Superman. ES SUPERMAN.

Y me arruga el ceño:

- el tono epiléptico de las escenas de acción. Es posible que se muestren así en el trailer para no gastar demasiada munición, así queno se lo tomo demasiado en cuenta. Pero OJOCUIDAO.
- Zack Snyder. En sí, todo él. Es un director con algunos tics que me distancian de sus películas. Hoy en día "Amanecer de los muertos" me sigue pareciendo su mejor filme, el más conseguido y, sobre todo, en el que mejor confluyen los objetivos con el resultado final. "300", "Watchmen" y "Sucker Punch" son, en mayor o menor medida, proyectos extraordinariamente desquilibrados, en particular los dos últimos. Será interesante adivinar (porque, desde luego, nadie nos lo va a confirmar) los grados de libertad y/o influencia que ha aportado Christopher Nolan a "MoS".

Por lo demás, se confirma que no habrá kryptonita (interesante decisión de guión) y que, de alguna manera, la película estará conectada con el universo Justice League del que se habla mucho pero no se sabe nada (y no se sabe nada porque como "Man of Steel" pinche NI JUSTICE LEAGUE NI CRISTO EN SEGUNDO ADVENIMIENTO).

lunes, abril 15, 2013

Estos no son los cómics que leía de niño





Hubo un tiempo, hace eones, en que fui pequeño. Y, como a todo pequeño con un mínimo sentido de la fantasía, me gustaban los cómics. Y aunque en mi etapa infantil devoraba a Mortadelo, me conformaba con sus alrededores (Sacarino, Zipi y Zape, Carpanta, etc.) y me inquietaba profundamente con "Los pitufos negros" (tebeo jocosamente xenófobo que en los EEUU, por cuestiones de corrección política, se convirtieron en morados) (Malcolm X PAGÜA), en la preadolescencia me empecé a pasar a los superhéroes, cruzando la transición que significaba Superlópez. Sin ser nunca demasiado fan, sí recuerdo acumular tomitos en blanco y negro de Hulk, la Patrulla X (nada de X-Men) y Spiderman, unas maravillosas recopilaciones en tapa dura de Superman y Batman traducidos a español latino (donde Bruce Wayne, Dick Grayson y Lois Lane eran Bruno Díaz, Ricardo Tapia y Luisa Lane, y Smallville era Villachica) y unos tomos cartoné también de Superman y Batman, entre los que se incluían un asombroso "Superman vs. Cassius Clay", por cierto recientemente reeditado. Aventuras heroicas entretenidísimas, en las que los malos y los buenos estaban perfectamente delimitados, se nos transmitían las reflexiones de los personajes a través de los bocadillos de pensamiento, la estructura de las viñetas era uniforme y todo se entregaba mascado y embalado en una deliciosa ingenuidad. Excepto en los cartoné de Batman.




Algunas de las historias que me encontré allí, cortesía de Denny O'Neil & Neil Adams, eran diferentes. Casas encantadas, fantasmas errantes, murciélagos blancos, intercambios de cuerpos... con Batman conocí el gótico, sin saberlo, antes de estudiarlo en el colegio. Aquellas historias eran desasosegantes, turbadoras, extraordinariamente malroller, en disonante contraposición a las de los otros superhéroes. No me hacían sentir bien pero los leía una y mil veces. Hasta que la adolescencia quedó sepultada por la vida adulta, y dejé de leer cómics. Los cómics son para niños, no para machotes en la pista de despegue de su madurez. Era la hora de las revistas porno. Mucho más adultas, dónde va a parar.


Ya pasadas mis 30 castañas, absolutamente alejado del mundo comiquero desde entonces (a excepción de un par de visitas al Salón del Cómic por cortesía hacia un amigo de cuyo nombre no soy capaz de acordarme), me crucé con una promoción del diario El Mundo que regalaba cada fin de semana unos pequeños tomos de cómics de superhéroes, en colecciones de 3 ó 4 por cada personaje, si no recuerdo mal. Me decidí a coleccionar algunos de ellos; empecé con los de Spiderman, la mayoría de los cuales había poseído de pequeño, y me resultó entrañable volver a leerlos. Era una selección de números de los años 60-70, los comienzos de Marvel, con alguna aproximación a los 80-90 bastante mediocre. La siguiente colección era la de Batman, y la inicié no sin alguna duda (la funesta influencia de las películas de Joel Schumacher: pezoncitos y bat-tarjetas de crédito). Esa colección cambiaría mi perspectiva por completo. Resultó que no era otra recopilación de viejos cómics, sino lo último que se estaba publicando de Batman en España, vía Norma Editorial. Se situaba justo después de una macrosaga llamada Tierra de Nadie de la que yo no tenía, claro, ni la menor idea (y de la que escribiré en su momento: sin ir más lejos, "The Dark Knight Rises" bebe ampliamente de ella), y el primer número se detenía en el dolor de James Gordon por la reciente muerte de su esposa.




Aquello no tenia nada que ver con lo que había leído hasta entonces. Nada de bocadillos de pensamiento: narración en primera persona. Nada de supervillanos grandilocuentes hablando de si mismos en tercera persona y soltando carcajadas malotas: una cruenta guerra de bandas mafiosas. Sentimientos que no se expresan, se deja al lector que los intuya. Una atmósfera más cercana al cine policíaco que a los relatos de tipos en pijama salvando el mundo. Aquello tenía un perfil más adulto, moderno y sofisticado, que aquellas ingenuas historias plenas de simplicidad y joie de vivre que devoraba de pequeño. Me tragué con inesperada devoción la colección de El Mundo, y comencé a acercarme a la sección de cómics de FNAC a investigar (investigar=leer por el morro en la tienda) qué pasaba después. Cada mes le echaba un vistazo al cómic correspondiente, hasta que decidí que merecía la pena leerlos tranquilamente en casa, y comencé a comprarlos. Mi curiosidad me obligó a convertirme en asiduo del mercado de San Antonio y adquirir los ejemplares de segunda mano de Tierra de Nadie, arrancando una dinámica que dura hasta ahora. Hoy, gracias a aquella colección, ya sé que los cómics no son sólo historias de buenos y malos para niños (o adultos encerrados en cuerpos de niños). Sé que existen Maus, Persépolis, American Splendor, The Walking Dead. Odio, 300 o V de Vendetta; Alan Moore, Frank Miller, Robert Crumb, Harvey Pekar, Moebius o Neil Gaiman. Y Greg Rucka, por supuesto, que es el guionista de esos cómics de Batman que cambiaron mi manera de pensar sobre ese tipo de arte, y quien, hoy que puedo decir que me conozco gran parte de la historia del personaje, ha sido el autor de la mejor etapa del caballero oscuro en su historia.

 Así que, maldita sea, todo este tocho para justificar que le debo una a Pedro J. Ramirez. SHIT YOURSELF LITTLE PARROT. Pues nada, Pedro J., que no se diga que soy un desagradecido: la próxima ronda de tirantes la pago yo.

viernes, abril 12, 2013

Familia, amor, murciélagos






Es el video del momento. Así anuncia el canal de cable ABC Family, propiedad de Disney (también propietaria de Marvel, Pixar, Lucasfilms, Oceanía y y buena parte del sistema solar) la próxima proyección de "Batman Begins". La frase promocional es portentosa: "he fights for a family, and lives for love".


Batman, amor y familia: tres conceptos absolutamente indisociables.


Y gatitos.


Quizás si el que escribió la promo se hubiera molestado en ver el filme se hubiera dado cuenta de que NO, EN ESTA PELÍCULA NO SALE ROBIN.

domingo, abril 07, 2013

La calle de la igualdad






Comic Relief es una especie de organización caritativa británica fundada hace cerca de 30 años por Richard Curtis (guionista de, entre otras, "Cuatro bodas y un funeral") cuyo leit motiv es la comedia. Ha sido para Comic Relief para quien Ricky Gervais ha retomado a su personaje más vitriólico y políticamente incorrecto, y el que le llevó a la fama: el David Brent de "The office". En este corto David nos pone al corriente de sus últimos diez años: ahora es representante musical, y su cliente es Dom Johnson, un rapero (por cierto, también aparece en "Derek") resignado a su suerte, a su falta de presupuesto y a su descerebrado y egótico manager, capaz de repartir codazos incluso a su propio representado para triunfar en el show-business. Hasta tal punto que acaba imponiendo canción, videoclip y aparición estelar-duets-with-David Brent, resultando este glorioso reggae-rap llamado "Equality Street", auténtico maná de incorrección política involuntaria.






Deodeodeodeoessedeo-birilibirilibirilibong-yo. S-O A-W-E-S-O-M-E.

martes, abril 02, 2013

The walking of the dead



Antes de ayer finalizó la tercera temporada de "The Walking Dead", la serie de AMC que está arrasando en los ratings de canales de cable en los Yuesei, y que aquí en España ha arraigado también considerablemente,  gracias a piratebay y a que Fox ha tenido el buen gusto de emitir cada capítulo apenas 24 horas después de la emisión original, en glorioso V.O.S.E. Esta season 3 ha resultado ser la más vista (acaba de batir su propio récord de audiencia con 12'4 millones de espectadores) (insisto: canal de pago. Con matices, pero canal de pago) y aclamada, en particular su primera mitad, y el capítulo de cierre de temporada ha resultado tan comentado y polémico como de costumbre. Aunque nadie me ha dado vela en ese entierro (nunca mejor dicho...), la traigo de mi casa y reviso este episodio de fin de temporada. Así, que, a partir de ahora:

ACHTUNG

DO NOT CROSS


NO PASAR SIN AUTORIZACIÓN


SPOILERS DE TODA LA TEMPORADA 3 DE "THE WALKING DEAD"



Antes que nada: soy muy fan de TWD. Es de esas series que se te pegan como Imedio recién salido del bote, cuyos defectos y virtudes se alían para que siempre quieras ver el siguiente episodio, algo que ocurre a menudo con las ficciones de corte post-apocalíptico (porque TWD no va de zombies, que quede claro: va de la raza humana sobreviviendo a su propia extinción). Lo digo para que el nivel crítico que pueda desprenderse de este post no dé la impresión equivocada: se puede decir que amas algo cuando aprendes a aceptar sus carencias mientras sigues a su lado. Otra premisa a establecer es que no soy seguidor del cómic original: he leído unos 30 números por curiosidad, no me enganchó y lo dejé aparcado. Considero que esto me da una visión más objetiva y equilibrada, lejos del fandom comiquero que, ensimismado en su fanatismo, no deja de incordiar con el mantra "¡es que se pasan los cómics por el forro!". Bien, ya ordenado todo sobre la mesa, vamos al lío.

El episodio 3x16 de TWD, "Welcome to the tombs", es un evidente cierre temático de la trama global de esta season three, que ha acabado siendo una especie de vuelta atrás a los orígenes, o, mejor dicho, un último intento de mantener una simulación de civilización en el universo post-apocalíptico de TWD. Así, hemos pasado del "this is not a democracy anymore" de Rick al final de la season 2, y de que el grupo pase olímpicamente de un mochilero perdido en la carretera en "Clear" (3x12), a votar las decisiones en la Grimes Bunch y a convertir la Prisión (o, como la llama Darren Franich en sus magníficas recaps, el Lori Grimes Memorial) en un lugar de acogida para mujeres y niños woodburyeños. Por otra parte, la serie ha jugado con las expectativas sedientas de sangre de sus seguidores, y ha convertido la esperada guerra Woodbury-prisión en apenas un petardo con ínfulas. Lo cual no me parece malo: en demasiadas ocasiones, la casquería sólo sirve para tapar agujeros, y TWD siempre ha sido más ambiciosa que mostrar montañas de cuerpos desmembrados, por mucho que esas ambiciones hayan acabado resultando no siempre exitosas. "Welcome to the tombs" también nos ha deparado una escena de tensión zombi entre el agonizante Milton y la encadenada Andrea, que ha finalizado, para mí sorprendentemente, con Andrea mordida por Miltondead y volándose la cabeza en off, acompañada en sus últimos momentos por una desolada y llorosa Michonne. Dos cierres, por tanto, a través de los cuales podemos analizar la temporada y el rumbo de la serie.

Empecemos con Andrea. Mirad, TWD es un show que presume de ser una serie DE PERSONAJES y, sin embargo, en demasiadas ocasiones parece que no sabe qué hacer con sus personajes. Por significar un ejemplo, Merle ha sido un villano oficial, un sicario leal, un hermano obcecado y, finalmente, una redención fracasada, sin que ninguno de esas encarnaciones tuviese más lógica interna que la conveniencia de los guionistas. En TWD se repite continuamente la estructura de conversaciones entre dos personajes en las que expresan sus dudas/convicciones/whatever. Necesitan justificarse permanentemente. Esto es algo que unos caracteres bien construidos NO NECESITA, puesto que sus actos y contradicciones les definen (ver "Mad Men", sólo por contrastar). En el caso de Andrea, la gran polémica del año en el deadverso, esto ha resultado mucho más acusado. Tan inescrutables han sido los caminos de Andrea esta temporada (y de hecho diría desde que murió su hermana), que hemos necesitado que Milton ejerciera de espectador en esas últimas escenas y le planteara las preguntas que todos nos estábamos haciendo, y de esa forma conocer el Gran Plan de Andrea: "to save everyone". A este respecto, la actriz que la ha interpretado, Laurie Holden (a.k.a. Marita Covarrubias), recuerda en una entrevista post-mortem que su personaje era, antes de la infección zombie, una abogada pro-Derechos Humanos. Eso encaja adecuadamente en el perfil de las acciones del personaje. Bien: que levante la mano el que recordara ese dato o lo relacionase con el comportamiento de nuestra rubia badass preferida. ¿No? ¿Anyone? Bien, ese es el problema. Visto en perspectiva, podemos llegar a aceptar que el comportamiento errático, timorato y casi bipolar de Andreíta respondía a un intento de establecer la paz mundial entre las fronteras de Woodbury y el Lori Grimes Memorial; lo cual es mucho suponer, viniendo de una suicida potencial. El problema es que la serie no ha lanzado una sola luz de aviso sobre esta línea de comportamiento en toda la temporada, y ha abandonado a Andrea al pairo de la indefinición hasta este final redentor, del que, por lo menos, se puede decir que ha sido considerablemente digno. Ha conseguido hacer llorar a  Morritos Michonne, algo que no creo que volvamos a ver jamás. RIP Andrea.

Por otra parte, Rick. Durante las dos primeras temporadas, Rick ha pasado de ejercer de policía - con todo la carga moral y de comportamiento que significa - a establecer la famosa ricktadura; de proteger cualquier vida humana a cargarse a cualquier ser vivo que asomase como riesgo para el grupo. Y cuando todos esperábamos una vuelta de tuerca más en su brutalización, resulta que las múltiples apariciones de Casper Lori (ni muerta deja de ser una pesada) han servido para todo lo contrario, lo cual opino que no le hace demasiado bien al personaje de Rick, que en ocasiones ha resultado algo irritante. No sólo ha devuelto las urnas al Grimes Bunch, sino que ha decidido, en contra de la política impuesta hasta ahora de "only members of the family", aceptar en la Prisión a los abandonados por el Gobernador en Woodbury. Este paso, que se aleja definitivamente de la senda del cómic, me parece que abre muchas posibles direcciones para la cuarta temporada, y asienta la que para mí es la mayor diferencia entre TWD cómic y TWD serie: la mayor carga moral de esta última. No sé si es por temor a perder aceptación, o una elección artística consciente, pero TWD serie, por lo menos hasta el momento, siente la necesidad de establecer compases morales que mantengan un halo de humanidad y civilización en este mundo arrasado. Lo cual, de por sí, no me parece malo en absoluto, pero que choca con la indesmayable certeza (hablo desde el punto de vista del espectador, ojo) de que el hombre, en esas circunstancias extremas, sólo puede sobrevivir retornando a la brutalidad de sus esencias primitivas. Y esto lo corrobora el hecho indiscutible de que los personajes que evolucionan de manera más lógica en TWD son los que van dejándose escrúpulos por el camino, en un proceso de adaptación darwinista: Shane, el Gobernador, CARL... Así pues, nos encaminamos hacia un balanceo, desde el punto de vista ético, entre un lado y otro de la línea roja que separa la civilización de la supervivencia. El riesgo que se corre es que los discursos pueden agotarse pronto, y que TWD-serie-de-personajes no sepa enseñarnos sino el mismo proceso de conversión (como los zombies... no sé si pilláis LA GRAN ANALOGÍA) una y otra vez.

Más allá de todo esto, nos queda el acierto de mantener a los protagonistas en la prisión, la impaciente espera del retorno del Hombre Antes Llamado Phillip (se ha confirmado a David Morrisey como regular en la season 4), la progresiva transformación de Carl en Little Shane (al fin y al cabo lleva los genes de papá), y las tareas pendientes de delimitar cuál es REALMENTE la distancia física entre Woodbury y el Lori Grimes Memorial (según el capítulo, ese tramo se recorría a pie en un día entero o en una mañanita animada), y acercar el carisma de Michonne y Tyresse al de sus homónimos del cómic. De hecho, en el caso de Tyresse queda pendiente convertirle en un personaje con algo de sentido. Por lo demás, se presiente una larga vida, por lo menos a medio plazo, de una serie que parece soportar con espíritu de roble las peleas de chonis entre los diversos responsables de su producción, que hace que TWD llegue a su cuarta temporada con su tercer showrunner, Scott Gimple, pero con más fortaleza que nunca. Caminad, muertos vivientes, caminad.

domingo, marzo 31, 2013

A kind of Magic




En un blog de mi propiedad nunca faltará mi jugador de baloncesto de referencia: Earvin "Magic" Johnson. Y en un día en el que la palabra "resurrección" se utiliza tanto en la imaginería religiosa como en la chistocracia del twitter, me ha venido a la cabeza la del jugador de los Lakers, un día de febrero de 1992, en Orlando, la ciudad de Disneylandia (por supuesto). Allí, en el All-Star Game, meses después de su retirada forzada debido a la contracción del virus del SIDA, Magic volvía a vestirse de corto, no sin las reticencias más o menos veladas de aficionados, periodistas y jugadores con muy poca cultura y capacidad humana. Estos fueron los últimos minutos de aquel partido, en el que, después de que el portentoso mago de Lansing se hubiera cascado dos triples consecutivos y una de sus características asistencias mirando al tendido, Isiah Thomas, su amigo íntimo, le rindiera un homenaje de la manera que mejor sabía: retándole a un uno contra uno. Magic, entre risas y vaciladas, lo aceptó e impidió que anotara. Acto seguido, fue el mismísimo Michael Jordan, en un acto más de honorable respeto que de amistad, y entre los chillidos eufóricos del público, repetía el reto. Tampoco pudo anotar.

La jugada siguiente me puso un nudo en la garganta en su momento. Clyde Drexler subía la bola, y Jordan, medio en broma (Jordan NUNCA estaba de broma por completo), cerraba la línea de pase al jugador de Portland para que no se la diese a Magic, a la vez que Isiah le flotaba de cerca entre risas. Finalmente, con la posesión casi agotada, consiguió pasarle el balón a unos 9 metros de la canasta. Magic lucía su inacabable, sempiterna sonrisa. Isiah se colocó delante, piernas flexionadas, con actitud de "love you, man, pero esta no la vas a meter". Magic se puso serio. Avanzó poco a poco de espaldas al aro, botando desde sus 2'05 allí donde ninguna mano podía llegar. El reloj de posesión estaba a 5 segundos, el del partido a falta de 16 y más que decidido hacia el Oeste. Nada más pisar la línea de 3 puntos, Magic da un pasito hacia atrás para cuadrar los pies hacia la canasta y lanzar casi sin saltar por encima de Thomas. Triple limpio. Magic suelta el puño en su gesto típico de alegría, todos sus compañeros van a saludarle y abrazarle, el público se vuelve literalmente loco y el comentarista de televisión se queda mudo durante unos instantes. El partido ya no se reanudará. Magic Johnson recibe el MVP del partido gracias a sus 25 puntos, 9 asistencias y 5 rebotes, y da así arranque a su lucha por su vida, por el conocimiento de la enfermedad y por la desaparición de los prejuicios adyacentes ("I wanna be normal". Desolador). Earvin Johnson se había hundido casi por completo al conocer que era portador del virus VIH, pero este partido significó un punto y aparte en su actitud ante ante la desgracia. Por arte de magia.

jueves, marzo 28, 2013

Soy un lobby de presión


Ojocuidao conmigo.




Hace cerca de 7 años, en uno de mis primeros posts en "La linterna mágica", dedicado a la película "Criaturas celestiales", exigí de manera vehemente pero maleducada a las autoridades impertinentes que se editara en DVD el film en cuestión (ver última frase del artículo). Un aproximado año después, a colación de un memoensayo sobre las penurias del buen cinéfilo, aprovechaba para insistir, más discretamente (no es plan de provocar innecesariamente a las autoridades), en la susodicha edición; si no me creen, lean hasta la mitad de este post. Dejé esperar otro año, y vista la falta de resultados, volví a atacar con renovados bríos, esta vez de manera más directa, en este homenaje a una de las mejores escenas de la película; como se puede comprobar, aquí ya no ando con miramientos y opto por el ataque más vertical, apoyado sobre la sólida reputación y el merecido prestigio que me preceden.



No, jajajaja no.



Apenas unos añitos de nada después...










¡¡¡¡¡YESSSSSSSS!!!! ¡¡¡¡SÍ, SÍ, SÍ, NENAAAAA, TENGO MOJOOOOO!!!! Una edición sencillita, sin alardes (sin un puñetero extra, vamos), con sus idiomas y sus subtítulos, en glorioso 1080p, de la mejor película de Peter Jackson, que además es histórica por ser el debut de Kate "37 años y ya 3 bodas-voy a por ti, Liz Taylor" Winslet en el cine. Gotcha.


Visto lo visto, mi próxima petición va a ser una edición BD de la saga "Star Wars" en la que la trilogía original esté tal y como se estrenó, sin los añadidos digitales del abuelo Lucas. ¿Se me oye por allá en Disneylandia? ¿SE ME OYE?


Si es que cuando me enfado...

domingo, marzo 24, 2013

La cultura del grito


Tenemos una tendencia natural a alinearnos en bandos. Supongo que procede de nuestro carácter asociativo, de la necesidad del ser humano de constituirse en grupos de congéneres, sea para organizarse, para defenderse, para atacarse o para civilizarse. No sé si es tan natural la extrema polarización en la que nos estamos sumergiendo poco a poco en todos los planos, estratos y medios en los que hay más de una opción válida. Y tampoco sé (ya veis  en realidad no sé nada de nada: no sé qué hacéis leyendo este blog) (ahora que lo pienso, NO HAY NADIE leyendo este blog), porque mi capacidad de análisis de la polarización en otros países es limitada, debido a... bueno... que no vivo en esos países. Así que es probable que la premisa de este post esté corrompida por mi falta de prisma; pero como resulta que todo el blog está corrompido por mi falta de prisma, y además es probable que la falta de prisma sea la razón de ser de esta mi Logia, diré que me parece que en España la polarización extrema es una enfermedad que se extiende como una necrosis en "The walking dead". Es una necesidad asfixiante de enrocarse, de abanderarse sin atender a los argumentos contrarios, de despreciar el debate como la forma más válida y enriquecedora de aprendizaje. Eres de derechas o de izquierdas. Nacionalista de un lado o de otro. Del Barça o del Madrid. En lugar de hablar, discutimos. En lugar de debatir, arrojamos. En lugar de conciliar, escupimos. En lugar de discrepar, GRITAMOS.

Porque este es un país en el que nos gusta gritar y escuchar gritos. Si no convencemos a nuestro interlocutor, en lugar de argumentar, elevamos un punto más el tono de voz. Como si la razón se midiera en decibelios. Y nos encanta ver a nuestros congéneres chillarse, apabullarse, si es posible desentenderse a insultos. Nos encanta ver tertulias pseudopolíticas en las que el opinador minoritario es apabullado a berridos; nos fascina escuchar el lenguaje ininteligible que se desprende de las escaladas de decibelios de una mesa redonda deportiva como dios manda. Al exabrupto le llamamos "el que dice las verdades"; a la mala educación la coronamos "princesa del pueblo".

Y esta tendencia la recogen con alma de cazador las ficciones hispanas serializadas, que entre sus muchos lugares comunes - y un día de estos habrá post exclusivo de series españolas - abraza ese tipo de humor vociferante y malhablado. En las escasas incursiones que realizo por el teclado del mando a distancia, se hace casi imposible distinguir una comedia española de otra, (de)formadas todas en el mismo molde, y una de sus características más acusadas es el intercambio de voces, preferentemente superpuestas, entre dos personajes, tratando de conseguir el efecto humorístico al que no llega la vulgaridad del diálogo o del sketch.  ¿Se puede hacer buen uso del exabrupto en la comedia? POR SUPUESTO. Hay miles de ejemplos, pero el primero que se me ocurre es el maravilloso y demoledor Peter Capaldi en "The thick of it". BBC, bitches. Esa televisión pública que cada 20 años saca una comedia magistral que satiriza más allá del ridículo a la clase política (la otra, por supuesto, es "Yes, minister"... por no hablar de "Spitting Image"). Exactamente igual que en EspATCCHSSSSJJMM.

En fin. No insistiré en la pésima calidad de ese tipo de comedias, ni en la pereza alimenticia de los guionistas de este tipo de productos (entiendo que hay que comer, y la demanda es la demanda). Sé que generalizo, tanto en el aspecto social como en el cultural de lo que planteo, y que se pueden encontrar miles de ejemplos que escenifican situaciones opuestas a las presentadas. Sólo expreso la desazón, el hastío que me provoca vivir en una sociedad en la que se azuza, se alimenta y se jalea esta manera de relacionarse que, pienso yo-alma de cántaro, nos empobrece como raza.

domingo, marzo 17, 2013

One Hit Wonders: Around my dream






Oh, el italodisco, fuck it. El estilo musical que mis amigos decidieron que iba a ser el mío durante mi adolescencia. Den Harrow, David Lyme, Spagna, Baltimora, Miko Mission, etcétera. La electrónica al poder, el hard casio como forma de vida, letras para niños de EGB: la hombrera es bella y estamos orgullosos de ella. Escucho alguna de estas canciones y me viene a la cabeza un flash en el que estoy en clase con el walkman, encasquetándole los auriculares a los colegas porque he podido grabar el Max Mix 3 (primicia absoluta de los 40) de la radio Y NO HAY MÁS NOTICIA QUE ESA. Y sin embargo, el primer disco que me compré fue... el "Islands" de Mike Oldfield: rock sinfoplasta del bueno. Lo cual ya era prueba del espíritu de contradicción que a esas alturas ya me asolaba. O de que no tenía ningún tipo de criterio, ni musical ni del otro. Rayos, seguramente eran las dos cosas, y alguna tara más que ninguna pastilla conocida puede aligerar.

El italodisco es un género denostado con el paso del tiempo, y con plena justicia, pero se le ha de reconocer su aura precursora de los estilos discotequeros que le sucederían; hoy en día la inmensa mayoría de todos esos temas suenan como auténticos hijos de su tiempo, lo cual, si nos referimos a los años 80, nunca suele ser bueno. En cualquier caso, lo cierto es que los triunfadores parciales de esta corriente musical no pasaban de tener un par o tres de éxitos prácticamente mellizos y luego perderse en el limbo de las musicassettes rayadas por el paso del tiempo. Como ejemplo paradigmático, este Silvio Pozzoli, que sabe dios por qué cambió el nombre a Silver, y que arrasó (mejor dicho: ARRASÓ) con este "Around my dream" stupido ma veramente cantabili. El falsete de la parte final, en particular, es glorioso. El amico Silvio no volvió a oler semejante triunfo, pero ha ido sacando para tabaco durante su carrera, y si alguien saber más, pregunten aquí. Yo sólo puedo añadir dos cosas: una, que el tema aguanta mejor que la gran mayoría de sus primas italodiscas; y dos, que Pozzoli se parece inquietantemente a Kaká con pelo largo. Y ahora que lo pienso, su época dorada ha durado más o menos lo mismo.

jueves, marzo 14, 2013

La tercera edad de Gervais


Hace unos días finalizó la primera temporada de "Derek", el proyecto en solitario (sin su hasta ahora inseparable Stephen Merchant) de Ricky Gervais para el canal británico Channel 4, que últimamente lo está petando en mi disco duro, entre "Utopia", "Black Mirror" y la serie que nos ocupa. Nos mostraron un piloto hace casi un año, y la aprobación de la temporada completa nos ha traído este 2013 una comedia tan reconocible como insólita en la carrera del bufón de Reading. Lo reconocible se percibe en la primera capa: envuelto en un formato de mockumentary (de nuevo, tras "The office" y "Life's too short"), Ricky interpreta a un hombre de coeficiente mental bastante por debajo de la media ("pero no mentalmente retrasado", según el propio Ricky insiste una y otra vez) que trabaja en una residencia de ancianos. Bien, este personaje en manos de Gervais hizo temblar a buena parte de la Pérfida Albion antes de su estreno, conociendo su afición a pasarse por la punta del níspero la corrección política. Y también después, porque parte de la crítica no acabó de entender el tono de la serie. Y aquí viene lo insólito.

Porque Derek Noakes es el primer personaje positivo de la carrera televisiva de Gervais. Hasta ahora, todos eran, en mayor o menor grado, desechos humanos: el incalificable David Brent de "The office", el arrogante y contradictorio Andy Millman de "Extras"; hasta sus personajes más anecdóticos, como el médico de "Louie" o su versión de sí mismo en "Life's too short", en la que sólo parecen importarle los royalties que recibe por sus creaciones. Derek, en cambio, es un osito de peluche. Su preocupación única es el bienestar de los demás, es cariñoso, trabajador, atento, siempre dispuesto y siempre dicharachero. Le encantan los videos de Youtube de animalitos, pero no se puede tener todo. No es, sin embargo, el tono del personaje principal  lo que distingue este proyecto gervaisiano de los anteriores, sino el de la serie en general. Sí, es comedia; sí, a veces es muy burra; pero tiene un componente amargo que la acerca al abismo de la dramedia. El cómico inglés aprovecha el microcosmos de la residencia de ancianos para hablar de la desprotección de los desfavorecidos, del abandono de nuestros antecesores, de cómo los aparcamos cuando dejan de sernos "útiles". Y, ya que estamos, retrata al sector más humilde de la sociedad obrera, esa casta baja más allá de la cuarentena que a duras penas consigue sobrevivir a través de un sueldo de mierda, sólo un paso por encima de la marginalidad, sin sueños, sin objetivos más allá de la supervivencia diaria, tan alejados de la modernidad que a veces parece que podrían estar viviendo en cualquiera de las últimas tres décadas. Derek, Hannah (la responsable de la residencia, una excelsa Kerry Gdliman), Dougie (el chófer chapuzas, Karl Pilkington haciendo de sí mismo con mono azul y robando la serie cada vez que habla) y Kev (un borrachuzo que no tiene otro sitio a dónde ir que la residencia) son seres condenados al ostracismo que sólo se tienen a ellos mismos, y que forman un grupo de losers entrañables.




Así, las tonterías bienintencionadas de Derek, las lúcidas irreverencias de Dougie y las barbaridades políticamente incorrectas de Kev se fusionan con una carga social considerable, así como con el hecho inextricablemente dramático que supone que todos acabamos muriendo, y la mayoría mueren solos, y "Derek", la serie, rompiendo las costumbres de una comedia al uso, no mete esas miserias debajo de la alfombra en favor del espectáculo, hasta el punto de que la season finale de esta primera temporada aparca casi completamente la comedia para centrarse en lo emocional. Esta serie es una mirada al vacío de Gervais, un paseo sin red por un hilo que milagrosamente mantiene el equilibrio, aunque en alguna ocasión está a punto de romperlo: me refiero, por ejemplo, a ese momento cumbre dramático del final subrayado por el jodido "Fix you" de Coldplay, esa infumable canción MECHEROS-ARRIBA-BIG-LIFE-MOMENT que subraya innecesariamente la escena y que contrasta con el piano calmo y sutil de Ludovico Eunaldi que impregna gran parte de cada capítulo. Chris Martin es demasiado colega de Ricky Gervais y hay que hacer algo al respecto.

"Derek" es el proyecto más personal de Gervais, se nota a las mil leguas, también en el trazo demasiado grueso con el que dibuja alguna de las situaciones dramáticas (no me creo que TODOS los familiares que vayan a ver a sus padres sean tan hijoputas). En cualquier caso, es un salto adelante en su carrera, ofrece una voluntad de progreso creativo que más quisieran muchos de sus compañeros. Y ya ha conseguido una segunda temporada, a pesar de los reiterados palos de The Guardian, que es para el cómico británico lo que Boyero para Almodóvar: un grano en el culo que, en el fondo, no es más que maná para su descomunal ego.

sábado, marzo 09, 2013

Shakespeare en los ratos libres





Es la película de Joss Whedon que más me apetece ver desde "Serenity" (y estoy seguro de que cierta ex-colega chespiriana piensa lo mismo). Y sí, aún vivo en este planeta y sé quiénes son los Vengadores. Y precisamente gracias a la pandilla marvelita existe esta versión patillera de la comedia más pura del bardo de Avon, filmada y realizada en los descansos (apenas 12 días) del rodaje de "Los Vengadores" y envuelta en el más absoluto de los secretismos. Joie de vivre en blanco y negro, una pinta deliciosa y un reparto absolutamente whedonesque: Amy Acker ("Angel", "Dollhouse"), Alexis Denisof (ídem), Clark Gregg ("The Avengers"), Reed Diamond ("Dollhouse"), Fran Kranz ("Dollhouse", "The cabin in the woods"), Sean Maher ("Firefly"), Ashley Johnson ("Dollhouse", "The Avengers").



Y Nathan Fillion.



NATHAN FILLION HACIENDO SHAKESPEARE.



Por favor, que la estrenen ya.

lunes, marzo 04, 2013

Críticas "versión para móvil": Seven Psychopaths


Mi propósito principal de año nuevo-blog nuevo-dingdingdong era no extenderme de manera agotadora (tanto para el escritor como para el lector) en mis comentarios patilleroanalíticos sobre películas o series, de ahí el concepto "críticas para móvil" que se supone que funciona como represor de instintos verborreicos a Mi Majestad marcbranchesiana. Cual alcohólico reincidente, volví a estirar el chicle con "Los miserables", pero es que Tom Hooper necesitaba una hondonada de hostias y, casualmente, allí estaba yo con un par de bates de béisbol claveteados y mucho tiempo libre. Vuelvo a la talla M. Claro que este primer párrafo no ayuda mucho. Pero prometo que es el último trago de vodka.

No sé qué significa "Seven psychopaths" en la corta carrera cinematográfica (es un más que reputado dramaturgo teatral) de Martin McDonagh. Es un largometraje argumental y conceptualmente ambicioso, que disfruta de un reparto de lujo, pero con un presupuesto similar al de su opera prima, "Escondidos en Brujas", y una necesidad algo extemporánea de gritarle al mundo "YO NO SOY OTRA PELÍCULA DE GANGSTERS FUCKIN' COOL". Cuando, en realidad, durante buena parte del metraje es EXACTAMENTE lo que parece.

Se ha definido "Seven psychopaths" como un mash-up entre Tarantino y Charlie Kauffman. El hallazgo comparativo es tan atinado que se repite hasta la náusea en todas las críticas habidas y por haber. En su base rítmica tarantiniana, el film ofrece un delicioso humor negro desde la primera secuencia, que no desvelaré pero que alegrará los ojos a los seguidores de "Boardwalk Empire" (nota mental: escribir sobre por qué "Boardwalk Empire" es tan ninguneada); en su acompañamiento de guitarra kauffmaniano, la película camina sobre un atractivo aunque irregular discurso metalingüístico sobre la escritura de este tipo de cine. Por lo cual, al inicio del tercer tramo, "Seven pyschopaths" está cerca de caerse de morros, aunque finalmente consigue levantarse, ni que sea por puro divertimento y por estrangulación de los recursos narrativos habituales. Por supuesto ayuda, y cómo, el reparto, impecable en el peor de los casos (peor de los casos=Colin Farrell. Está claro que McDonagh es de los pocos que saben qué hacer con este chico), con mención de honor para Sam Rockwell, delicioso en su suave histrionismo. ¿Y las actrices? Sí, creo que hay un par.

En definitiva: "Seven psychopaths" no revoluciona el género ni explota en tus ojos, y me queda la duda si McDonagh pretendía alguna de las dos cosas. Pero pocas cosas mejores verás en la cartelera hoy en día. Y ya.

viernes, marzo 01, 2013

Skokiaans




"Skokiaan" es una expresión, diríamos, "slang" africana que se refiere a una potente bebida alcohólica  sudafricana. Un pelotazo, vamos. Creada por una banda de Rodhesia (la actual Zimbabwe), se popularizó a mediados de los 50 tanto en Yukei como en los Yuesei, a través de una versión del tema proveniente de Sudáfrica. Un grupo de blanquitos canadienses la reversionaron poco después, añadiéndole una letra que describía con jolgorío y, ejem, condescendencia, una África simpática y selvática. La versión es más bien meh. Pero claro, si esa misma letra la cantaba Louis Armstrong, dadle al play ahí arriba, los mofletes más famosos de la historia de la música (hasta la llegada de Adele), la cosa cambia. En la rasgada voz de Satchmo, suena más a una inofensiva celebración de la negritud: hay que joderse con los puntos de vista. En cualquier caso, es la versión (y hay cienes y cienes) que más ha calado en el imaginario musical hasta nuestros días. Me vino a la memoria este tema al ver el piloto de "Treme", en el que el respetado músico de jazz Kermit Ruffins, interpretaba su propia versión:





Y sin embargo, de todas las versiones, me quedo con la que triunfó en primera instancia en Sudáfrica, la de August Musarurwa con la Bulawayo Sweet Rythm Band, que dibuja la influencia africana en la música genital americana: el jazz. Infinite sweetness, nenes.



martes, febrero 26, 2013

Mientras tanto, en un universo alternativo...


27 de febrero de 2012, Hollywood, Estados Confederados de América, Tierra 2. La productora izquierdista Fox y Apple Pictures se asocian para producir y distribuir conjuntamente un crossover de dos de sus franquicias más populares y prestigiosas, "Rocky" y "Toro Salvaje", que parecían fenecidas después de los relativos fracasos de su cuarta y quinta parte respectivamente. Ambas majors pretenden con este proyecto darle un nuevo impulso a ambos personajes, y no descartan, si el éxito les acompaña, una serie de secuelas de dicho crossover. El film, dirigido por el especialista en cine de acción Theos Angelopoulos, narra el regreso al ring de las viejas glorias del boxeo Jake LaMotta y Rocky Balboa, acuciados por deudas y problemas personales, que deciden cada uno por su lado participar en un torneo de veteranos, el Senior Royal Rumble. La imagen de arriba es la primera fotografía oficial que se filtra del rodaje, con Bobby de Niro y Sylvester Stallone posando con sus respectivos vástagos, Francesco Stallone y Dequan Latifah-De Niro, exitosos productores musicales. Recordemos que el vasto reparto, quizás el mejor reunido en los últimos años, lo completan Dean Stockwell, Mercedes Ruehl, David Hasselhoff, William Katt, Nikka Costa, Michael Dudikoff, Charlene Tilton y el multioscarizado Gary Busey. Estreno el 31 de junio.









P.D.: más quisiera. En nuestra tierra, la noticia real es esta, vía Las horas perdidas

sábado, febrero 23, 2013

Tarantino vs. expectativas


Recuerdo perfectamente la primera vez que supe de Quentin Tarantino. Había agitación entre la cinefilia, en aquellos primeros noventa en los que el cine independiente americano estaba encontrando una voz propia, por la aparición de una opera prima que, decían, reinventaba el género de gangsters como nadie lo había hecho desde... bueno, en realidad desde "Uno de los nuestros", que era sólo de un par de años antes, pero ya me entendéis. "Reservoir dogs", en el desaparecido cine Capsa de Barcelona. Sí, mucha agitación entre la cinefilia, pero ahí estábamos cuatro gatos (y cuando digo cuatro, quiero decir unodostrescuatro. Y el acomodador) (sí, esta historia es de cuando había acomodadores). Se utiliza con demasiada ligereza la expresión "es como un puñetazo en el estómago" para definir las sensaciones que desprenden algunas películas, pero con "Reservoir dogs" estaba más que justificado. Salía uno del cine exhausto, ojiplático perdido, anonadado... y silencioso, sumergido en uno mismo para tratar de asimilar lo que acababa de ver.

El silencio también protagoniza mi siguiente experiencia con Quentin. Su segunda película, "Pulp fiction", acunada ya por los Weinstein, había explotado ya en Cannes, y la expectación era hasta absurda. Misma sala, esta vez acompañado por un amigo y su olvidada novia a la que no le gustó nada la película pero todavía menos le gustaba yo. Colas eternas, cine lleno hasta la bandera, atmósfera cargada; se respiraba una sensación similar, imagino, a la del calentamiento del séptimo partido de una final NBA: sabes que vas a vivir algo grande y QUIERES QUE EMPIECE YA. El silencio que acuchilló la sala cuando las luces se apagaron para dar paso al filme sólo se puede definir como silencio cinéfilo. Salimos de la proyección entusiasmados (no, ella no: ella nos miraba con cara de pasmo cada vez que recordábamos, deshuevados, el chiste del ketchup); personalmente, estaba convencido de que Quentin era Dios, y sólo llevaba dos películas. Su relativo batacazo en los Oscars ante "Forrest Gump" ("FORREST GUMP". Ping-pong, teniente Dan, etc. La prueba definitiva de que no existe Dios) no hacía sino reafirmarme en mis convicciones. Cuanto más le rechazara Hollywood, más le adoraría yo.

Tranquilos, que no voy a seguir con el remembering-cuéntame con el resto de su filmografía, ese no es el plan. Trato de contextualizar lo que viene a continuación; y como soy un zote literato, tengo que escribir "trato de contextualizar lo que viene a continuación" para hacerme entender. Cosa que ya os digo que Enric González no necesitaría, pero a lo que vamos. La tercera película de Quentin fue "Jackie Brown", que a casi todo el mundo le pareció una obra menor, pero que a mí, enfrascado en mi idolatría, me parecía que ese giro estilístico y de tratamiento de personajes, maduro, pausado, era un paso adelante definitivo hacia la grandeza. Grandeza nivel scorsesiano, coppoliano, hitchcockiano. Uséase, GRANDEZA. Años después, Quentin, a quien le gustaba hacerse de rogar, reaparecía con "Kill Bill" 1 y 2. Bien, homenaje al wuxia, el cine de artes marciales y de guerra orientales, Sonny Chiba, referencias only-for-freaks... No era exactamente lo que esperaba, pero las disfruté muchísimo. Las interpretaba como el descanso del guerrero, un divertimento descomunal, un enorme juguete con el que retozar en espera de su próximo largometraje DE VERDAD.

Su siguiente proyecto empezaba a oler a chamusquina: otro divertimento, esta vez el proyecto "Grindhouse" con Robert Rodriguez. La parte de Tarantino, "Death proof", me resultó descorazonadora. Esta vez el homenaje era al blacksplotation y las películas de persecuciones de coches de los setenta, pero el problema no era ese, sino que los acostumbrados efectismos Tarantino, habitualmente un EPIC WIN detrás de otro, ya no funcionaban de la misma manera. Esas conversaciones sobre cualquier aspecto recóndito de la cultura popular, esas escenas de inadvertida tensión in crescendo, esas actitudes cool... Por primera vez sonaban a impostura. No, impostura no. Desgana. El ceño marcbranchesiano comenzaba a fruncirse.

Este Tarantino 2.0 se confirma con sus siguientes dos películas, que para mí forman una unidad en la práctica, porque son de estructura y ambición muy similares. Ambas revisan dos géneros, el bélico y el western, desde dos obras semidesconocidas que sirven más como punto de referencia que como base argumental u origen de remake: "Aquel maldito tren blindado" para "Malditos bastardos", "Django" para "Django desencadenado". Sin entrar en detalles (porque este es ya el quinto párrafo, y no parece que estemos llegando a ningún sitio), son películas condenadamente entretenidas, filmadas con el sentido cinematográfico que sólo Quentin y un par más pueden aportar, con grandes actores excelentemente exprimidos (lo de Jamie Foxx no lo puede arreglar nadie), escenas memorables (el prólogo de "Malditos bastardos"), escenas descacharrantes (el Ku-Klux-Klan, by Tarantino, en "Django")...


fotico para que respiréis la lectura. Que ahora viene la hostia

... pero también, y aquí es donde  finalmente (¡¡¡HOSSANNA!!! ¡¡¡HOSSANNA!! bramaron las hordas de lectores) (bueno, los dos lectores) (mi madre y yo) quería llegar, dos películas sin sentido de la mesura, demasiado extensas (en especial el más reciente: la baja de Sally Menke, Q.E.P.D., se nota muchísimo), y en el fondo tan vacuas e intrascendentes como las motivaciones de sus protagonistas. Desde "Kill Bill", la mayoría de los personajes de Tarantino se mueven con una sola polea: la venganza. Cada vez nos muestran menos pliegues, menos aristas, son menos complejos. Les hacen una putada y se vengan: punto. Ni comparación con los personajes otoñales de "Jackie Brown", ni los de "Pulp fiction" o "Reservoir dogs", que eran muy molones y masculinos pero tenían una historia detrás. Pero así como con Beatrix Kiddo se molesta en hacerla algo más tridimensional, priorizando al final su instinto maternal y, por qué no, el amor que sentía por Bill (¿no es maravillosamente piadosa la manera en que lo mata?), poco a poco Tarantino va dibujando personajes cada vez más infantilizados, unidimensionales. Las aburridísimas niggas-with-an-attitude de "Death proof" no aguantan media charla, y al final sólo las mueve la venganza para patear el culo de Kurt Russell. En "Malditos bastardos", Hans Landa es la hostia, pero sólo le mueve su aparente lealtad a la causa nazi (y cuando la rompe da lugar al giro de guión más estúpido de la carrera tarantiniana); Shoshanna se mueve por exclusivo sentimiento de venganza; y los bastardos, pues ya me diréis. En cuanto a "Django desencadenado", más de lo mismo: Django es pura venganza (again), Calvin Di Caprio Candie es una caricatura muy divertida, y el golpe ganador es el sirviente negro de Calvin interpretado por Sam L. Jackson, todo un hallazgo que podría haber dado mucho juego si la película se lo hubiese tomado en serio. Las motivaciones del doctor Schultz para hacer lo que hace durante la historia, más allá de su empleo de cazarrecompensas, me resultan absolutamente inextricables.

Séptimo párrafo, lo sé, ya chapo. Todo este pastel para venir a decir que en mi desordenada cinefilia Tarantino tenía que ser el siguiente Scorsese, o el siguiente Peckimpah, o el siguiente Walsh, qué sé yo. Trascender el cine. No lo ha hecho. En lugar de eso, nos esta obsequiando con sus versiones customizadas de los diferentes géneros que mamó en el videoclub de las narices: la de artes marciales de Tarantino, la de guerra de Tarantino, la de persecuciones de Tarantino, la del oeste de Tarantino... ¿Cuál será la siguiente? ¿La del espacio de Tarantino? (oh, wait... señores de Disney, JJ Abrams ha firmado ya?). No puede ser, Quentin, tío (marcbranches mirando a cámara, ojo). Filmas como dios. COMO DIOS. Escribes diálogos que suenan a música recitada. Sacas platino de tus actores. Dominas el formato panorámico como nadie. Tienes el buen gusto de no atender a modas, evitas los CGI's de pandereta, respetas a los clásicos. Pero ya te has divertido bastante. Tómatelo en serio de una puñetera vez. Cumple las expectativas que muchos depositamos en ti.


HAZ. CINE. DE. VERDAD.



(Artículo patrocinado por "40 acres & a Mule")