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domingo, abril 02, 2017

Storytelling, o cuando menos siempre es más



Retomo (hoy excepcionalmente, no se me malacostumbren) el viejo blog desde sus requemadas cenizas, a causa de mi bien enraizada incapacidad para la concreción y la brevedad del titular, además de mi falta de talento para el clickbait, maravillas comunicativas personales que me mantienen a salvo de, líbreme Batman, alcanzar las 3 cifras en cualquier red social que me (des)precie. La prueba fehaciente, este primer párrafo. A ver si hay más suerte con el segundo.

A donde quiero llegar es que hay una idea rondando por mi cabeza desde que cometí la torpeza de ver “Assassin’s Creed” y que pretendía desarrollar en twitter. Peeeeeeeeero. Los hilos largos de twitter me suelen parecer un coñazo, y por pura coherencia (y empatía hacia mis posibles damnificados, también llamados “followers”), y teniendo en cuenta la ineptitud antes referida, sumada a la incesante lluvia que asoma el ventanal y que siempre es influjo de introspección y ensimismamiento (y si a esta frase le añadimos un perro durmiendo y una barca al pairo, ya tenemos una canción de Manolo García), encontraremos la respuesta a esta momentánea resurrección. Vale, el segundo párrafo ha sido peor todavía. Céntrome.

Hay gente que se sorprende cuando digo que “Mad Max: Fury Road” es un filme que está cerca de ser, si no lo es de facto, una obra maestra. Sí, es una de las mejores películas del género de acción de los últimos 25 años; pero también es uno de los mejores largometrajes del último lustro, así, a secas. Lo más común es maravillarse por la demencial imaginación de sus escenas de acción, por la precisión relojera de su montaje, por el sobrenatural detallismo del diseño de producción, o por la majestuosa saturación de su fotografía. Se suele dejar un poco de lado la eficacia de su narrativa, y en mucho espectador no avezado deja la sensación de que hay poca historia; al fin y al cabo, son dos persecuciones con hordas automovilísticas, y no hay mucho más.

Error.

No es mejor un guión cuanto más complicado es, o más cosas te cuente, sino cuanto mejor transmite a través de los medios que el arte cinematográfico ofrece.

En narrativa (encuentro más evocador el término anglosajón, “storytelling”), nada hay más complicado que explicar un universo entero, sin agarre en el mundo real, en un espacio de tiempo tan limitado como el que ofrece una película. La cinta de George Miller (recordemos, setenta años cuando estrena el film. Un 7 y un 0. 70. Palos) triunfa arrolladoramente donde la de Justin Kurzel se cae por el barranco: en la transmisión de un universo propio. Y no me refiero, ojo, al diseño de producción; sí, el de “Fury Road” mola mucho más, pero este no es el caso. Hablo de cómo al final de la proyección, uno sale con la sensación de conocer perfectamente el mundo en el que transcurre el filme de Miller: cómo funciona la dictadura de Inmortan Joe, la economía de intercambio con otras “ciudades”, las variaciones del lenguaje específico que se utiliza, las diferentes “castas”… Es todo un universo explicado y desarrollado a la perfección, con poquísimas líneas de diálogo y exposición, y a través de unas atronadoras y espeluznantes escenas de acción que parecen (solo “parecen”) no dejar espacio para nada más.

Y es precisamente aquí donde entra derribando la puerta “Assassin’s Creed”: como contrapunto a “Fury Road” en la idea que trato de desarrollar.

La cinta de Justin Kurzel es uno de los mayores desastres cinematográficos a nivel blockbuster que me he echado a las gafas en varios años. No entraré a analizar los detalles del por qué, puesto que no hemos venido a jugar a esto. En lo que nos ocupa, la narrativa, sería justo decir que su historia es más “complicada” que la de “Fury Road” (o, por ejemplo, “Gravity”, otra a la que se la suele acusar infundadamente de “simple”). Bien, lo que es seguro es que su guión suma más caracteres. Por lo demás, es un estropicio de dimensiones apocalípticas, que entre sus muchas incapacidades podemos contar:
- No sabe qué hacer con sus personajes principales, ni dotarles de una ínfima chispa. Una mínima empatía con alguno de ellos (reputadísimos actores) (Marion, esta ha dolido) resulta inviable. El filme confunde torticeramente grisura moral con apatía vital.

- No sabe desarrollar un universo con amplias posibilidades como es el de la época de la Inquisición, abandonándolo a un entorno de videojuego random, que además, es visualmente infame.

- Los niveles de confusión son tales que resulta prácticamente imposible discernir las motivaciones de ambos bandos de la historia, supuestamente antagónicos, para… bueno… hacer lo que se suponga que hacen.

- Para rematar, no hay ni clímax. La prometida (porque el guión y el montaje apuntan a ello) batalla final es una conversación estúpida y una garganta cortada.

Seguro, “Assassin’s Creed” cuenta más cosas, desde un punto de vista, si se me permite la paradoja, “matemático”, que “Fury Road” y “Gravity” juntas… excepto que en realidad no lo hace. No entraré a analizar “Gravity” para no alargar (todavía más) este artículo de guerrilla; tan solo señalaré que alguna de las capas de significado de la película son casi obscenamente obvias. El concepto de renacimiento, porelamordekubrick.

Conste en acta que he armado el post con herramientas extremas, tanto en un lado como en otro. Pero así como “Fury Road” y “Gravity” son rara avis en su capacidad de expresar ideas a través de las imágenes, de narrar a través de la acción, “Assassin’s Creed” es un ejemplo muy paradigmático y extendido (aunque no a esos niveles de hecatombe) entre el cine “industrial” contemporáneo. Cine en el que se tiende a atiborrar de requiebros y giros los guiones, extender las historias a lo ancho y vaciar el núcleo, con el único objetivo de sorprender a un espectador cada vez más hierático, más escéptico y con menos capacidad de asombro.

Y así, mientras tanto, una industria, la hollywoodiense, que cada vez invierte más millones en los grandes proyectos y menos en los pequeños, más en las franquicias y menos en las historias originales, se va distanciando lenta pero progresivamente de una masa espectadora que mantiene unas engañosas cifras de taquilla. Engañosas porque buena parte de ellas provienen de consumidores provenientes de otras artes: cómics, sagas literarias, videojuegos, etcétera, que van al cine más a disfrutar de un travestismo artístico que de una experiencia puramente cinematográfica.

Por fortuna, nos quedan esos Miller, Cuarón o Villeneuve que, de vez en cuando, cometen la osadía de intentar fascinarnos con sus bellísimas imágenes y la historia que transmiten a través de ellas.

sábado, julio 06, 2013

Batman Begins con esteroides (crítica, o así, de "El hombre de acero")



Ya aviso que no tengo ni pajolera idea de hacia adónde va este artículo/crítica/pajamentaloide basado en "El hombre de acero" CON, AVISO CON TIEMPO, SPOILERS A TUTIPLÉN. Habitualmente me siento al teclado con un plan someramente establecido, pero en esta ocasión lo único que traigo es un bote de helado de nueces de macadamia en sus últimos estertores. La culpa de esta indefinición la tiene, paradójicamente, que acabo de llegar de ver "Star Trek: en la oscuridad", y su visionado me ha retrotraído a la película de Zach Snyder a través de sus similitudes y sus contrastes. "Star Trek 2", que NO ES UNA BUENA PELÍCULA EN ABSOLUTO, levanta el vuelo en varios aspectos en los que el nuevo Superman se da de bruces; pero a su vez incide en defectos similares y del tamaño de Krypton. Y todo, todo ello, basado en la historia que nos cuentan. No, ni el guión, ni el argumento: LA HISTORIA, y los mecanismos que nos llevan a través de ella. Fallas enormes inherentes a la gran mayoría de blockbusters de los últimos años, y que voy a intentar explicar a través de "El hombre de acero". Por supuesto, voy a fracasar en el intento, porque si no no estaría escribiendo un blog que ridiculiza la palabra "minoritario", pero es que tampoco tengo otra cosa que hacer esta noche: el teléfono de Monica Bellucci sigue comunicando, maldita sea.

Bien, "El hombre de acero" ("Man of Steel", MoS a partir de ahora) (según las leyes marcbranchesianas de la pereza) es un film con algunas buenas ideas que nunca, nunca llegan a buen término por dos razones principales: a) fracasa estrepitosamente en la delineación de la historia, b) fracasa estrepitosamente en el desarrollo de los personajes, y c) "¡¡NOSOTROS TAMBIÉN QUEREMOS NUESTROS VENGADORES!!". a) y b) son responsabilidad de Christopher Nolan y David S. Goyer, guionistas y responsables de la historia; c) es responsabilidad de Warner Bros, desesperada por imitar el plan "universo unificado Marvel" que tan bien le está saliendo a Disney. En todo caso, voy a empezar por apuntar los haberes de MoS, que también los tiene, y para que nadie me acuse de "hater".

Henry Caviil es un buen Superman. Un muy buen Superman. Aparte de dar físicamente el pego (diría que es pelín bracicorto, pero probablemente sólo esté hablando la jodida envidia al otro lado del espejo), transmite alternativamente la nobleza y la fiereza necesarias e indisociables de este icono de la cultura pop. Aparte del protagonista principal, la cinta está trufada de pequeños momentos que permiten adivinar lo que podría haber sido esta película si se hubiera dado rienda suelta a las ambiciones con las que se han acercado Nolan y Goyer a ella. El olor a Malick de algún plano en Smallville; el momento en el que Superman aprende a volar; las dos escenas que comparten Clark y su madre (de pequeño y de mayor), la siempre sobresaliente Diane Lane; la idea de las influencias contrapuestas de ambos padres de Clark; la idea del mundo aséptico y militarizado de Krypton. Como podéis observar, más ideas que otra cosa.

Ideas que desembocan en NADA. O mejor dicho, en un sinfin de destrucción, casquería, escombros, explosiones, BADABOUMBINGBANGZAFSBOUUUMMMM!!!! que se apodera del último tercio del filme hasta el aturdimiento. Y las ideas se van al desguace junto a la coherencia narrativa. Un descanso para la publicidad y seguimos.




Coherencia narrativa. Arcos (ARCOS) dramáticos. Llegar a los lugares a los que quieres ir, en lugar de plantarte en ellos. Mostrar antes que explicar. Elementos imprescindibles a la hora de narrar historias que los blockbusters veraniegos se empeñan en ignorar una y otra vez. MoS es un ejemplo absolutamente paradigmático de lo que está fallando en esta industria: es una película cuyas ambiciones exigen un alcance relativamente minoritario de espectadores, pero su condición de columna jónica de la mismísima existencia de "Justice League" acobarda de tal manera a sus responsables, que dejan a la película con los colgajos al aire. En realidad, la crítica se podría resumir en una hipotética frase de algún productor (probablemente Jon Peters: hay osos polares, y hay naves con forma de araña, ojo) que sonaría tal que así: "¿que faltaban hostias en "Superman Returns, dijo el público? TOMAD HOSTIAS". Y, mira, lo aceptaría como un mal menor si cumpliera las expectativas en el resto del largometraje. Pero no.

Mirad, gente: en mi opinión (y en la de tipos como Film Crit Hulk, al que recomiendo encarecidamente), filmes como el que nos ocupa, "Star Trek: etcétera" o "Prometheus" adolecen de lo mismo: plantean una serie de acontecimientos clave, y tratan de adaptar las características y reacciones de sus personajes a ellos, utilizándoles como simples herramientas. Intentan que nos creamos las relaciones interpersonales sin molestarse en CONSTRUIR. Ejemplo: ¿por qué quiere salvar Clark Kent a la humanidad? ¿Qué experiencias le empujan a ello? ¿Dónde se modela la relación sentimental entre Lois y Clark (ya os lo digo yo: en el culo de los guionistas)? ¿Qué pretende Jor-El al enviar a Kal a la Tierra?  ¿Exactamente cuál es el mensaje que le quiere transmitir Jonathan Kent a su hijo? ¿Zod... Zod, QUÉ? Más preguntas después de la publicidad.


Antes mencionaba y subrayaba el concepto ARCO dramático. ¿Cuál es el arco dramático del personaje de Clark? ¿Qué aprende, cuál es su evolución? Es muy difícil viajar con un personaje, y por tanto empatizar, si no somos capaces de observar su evolución personal. Esto es lo que ocurre con Superman en MoS: te pones de su lado porque sabes que es el héroe, el icono, el bueno de la película; pero se hace difícil identificarse con él cuando sólo se nos muestran retazos que no parecen encajar los unos con los otros (y cuando el supuesto clímax trágico de su juventud es una escena que implica la salvación de un perro que NADIE HABÍA VISTO ANTES y una resolución vergonzante). Esto es un verdadero inconveniente cuando se supone que es una película de orígenes. Y no será porque no lo saben hacer: los mismos Nolan & Goyer se molestaron en cimentar durante MEDIA JODIDA PELÍCULA las motivaciones, las flaquezas y el aprendizaje (físico y mental) de Bruce Wayne en "Batman Begins". Pero claro, con BB las expectativas no eran las mismas: veníamos de "Batman & Robin" y cualquier cosa que no sonara a batpezones era aceptado sin pegas. La coyuntura de MoS es muy diferente.

Otra muestra de lo que supone la pereza narrativa: mientras Zod y Supes se arrean a base de bien, nos van colando una escena de supervivencia crítica que implica a Perry White y una especie de Jimmy Olsen femenina, dos personajes que apenas han estado deambulando por la cinta. Debido a que gracias a la ausencia de trabajo narrativo previo estos dos personajes nos importan un higo, la escena sólo funciona para desviar la atención de la principal. O sea, molestar. Eso por no mencionar que la trascendente decisión final de Superman respecto a Zod (SPOILERACO GORDO matar a Zod para salvar a una familia random FIN DE SPOILERACO GORDO), que según la tradición del icono debería haberle enviado a un psicólogo inmediatamente, se remata en la película con una chusca escena en plan "hola, coronel, el dron espía se lo puede meter por el ojete, pero aparte de eso, todo bien, gracias. Y sí, estoy muy macizo". Un espanto del que salvo a Zach Snyder porque ignoro cuál es su participación en la historia; en cuanto a su labor exclusiva como director, se agradece que aparque los ralentís, y es competente en las escenas de acción. No mucho más. Último corte publicitario, tras el cual responderé a la pregunta: ¿qué es el córtex?



Fácil: ni puta idea. O más explícitamente: es como el aceite negro de "Prometheus". Una serie de confusas explicaciones pseudocientíficas no evitan la idea de que en realidad es una excusa para no tener que elaborar  argumentos y motivaciones más elaborados. En este sentido, es un poco como la bomba de "The dark knight rises", una manera pobre de justificar una situación atractiva para el espectador. En serio, gente: podría dar decenas de ejemplos más de vaguedades narrativas, ausencia de conflictos (¿no es el conflicto la esencia de toda historia de ficción?), pero creo que ya son suficientes palos para MoS. En realidad, no tanto para MoS como para la manera de hacer blockbusters veraniegos, o grandes filmes hollywoodienses, o como queráis llamarlos; "Star Trek 2" es una película menos ambiciosa, pero no por ello imbuida de las mismas carencias: las cosas ocurren porque sí, no porque las circunstancias y las personalidades de los personajes nos lleven a ellas.

Y así se me hace imposible implicarme en las peleas, destrucciones y enfrentamientos finales. No hace falta utilizar media película en la construcción de personajes y arcos (por ejemplo: "Los increíbles" necesita cinco minutos para que conozcamos a la perfección a sus protagonistas y su manera de interaccionar), simplemente hay que empezar la casa por los cimientos, cuidar la escritura y entender que cuanto más conocemos a un personaje, más empatizamos con él, y más nos afectará su destino. Y si no, pregúntense por qué "En busca del arca perdida" es una de las mejores películas de aventuras de la historia del cine. ¿Es por la espectacularidad de sus escenas de acción, o es por el carisma y la tridimensionalidad de un personaje, Indiana Jones, al que a media película sentimos que conocemos a la perfección?

El conceto, amigos míos, el conceto.


sábado, febrero 23, 2013

Tarantino vs. expectativas


Recuerdo perfectamente la primera vez que supe de Quentin Tarantino. Había agitación entre la cinefilia, en aquellos primeros noventa en los que el cine independiente americano estaba encontrando una voz propia, por la aparición de una opera prima que, decían, reinventaba el género de gangsters como nadie lo había hecho desde... bueno, en realidad desde "Uno de los nuestros", que era sólo de un par de años antes, pero ya me entendéis. "Reservoir dogs", en el desaparecido cine Capsa de Barcelona. Sí, mucha agitación entre la cinefilia, pero ahí estábamos cuatro gatos (y cuando digo cuatro, quiero decir unodostrescuatro. Y el acomodador) (sí, esta historia es de cuando había acomodadores). Se utiliza con demasiada ligereza la expresión "es como un puñetazo en el estómago" para definir las sensaciones que desprenden algunas películas, pero con "Reservoir dogs" estaba más que justificado. Salía uno del cine exhausto, ojiplático perdido, anonadado... y silencioso, sumergido en uno mismo para tratar de asimilar lo que acababa de ver.

El silencio también protagoniza mi siguiente experiencia con Quentin. Su segunda película, "Pulp fiction", acunada ya por los Weinstein, había explotado ya en Cannes, y la expectación era hasta absurda. Misma sala, esta vez acompañado por un amigo y su olvidada novia a la que no le gustó nada la película pero todavía menos le gustaba yo. Colas eternas, cine lleno hasta la bandera, atmósfera cargada; se respiraba una sensación similar, imagino, a la del calentamiento del séptimo partido de una final NBA: sabes que vas a vivir algo grande y QUIERES QUE EMPIECE YA. El silencio que acuchilló la sala cuando las luces se apagaron para dar paso al filme sólo se puede definir como silencio cinéfilo. Salimos de la proyección entusiasmados (no, ella no: ella nos miraba con cara de pasmo cada vez que recordábamos, deshuevados, el chiste del ketchup); personalmente, estaba convencido de que Quentin era Dios, y sólo llevaba dos películas. Su relativo batacazo en los Oscars ante "Forrest Gump" ("FORREST GUMP". Ping-pong, teniente Dan, etc. La prueba definitiva de que no existe Dios) no hacía sino reafirmarme en mis convicciones. Cuanto más le rechazara Hollywood, más le adoraría yo.

Tranquilos, que no voy a seguir con el remembering-cuéntame con el resto de su filmografía, ese no es el plan. Trato de contextualizar lo que viene a continuación; y como soy un zote literato, tengo que escribir "trato de contextualizar lo que viene a continuación" para hacerme entender. Cosa que ya os digo que Enric González no necesitaría, pero a lo que vamos. La tercera película de Quentin fue "Jackie Brown", que a casi todo el mundo le pareció una obra menor, pero que a mí, enfrascado en mi idolatría, me parecía que ese giro estilístico y de tratamiento de personajes, maduro, pausado, era un paso adelante definitivo hacia la grandeza. Grandeza nivel scorsesiano, coppoliano, hitchcockiano. Uséase, GRANDEZA. Años después, Quentin, a quien le gustaba hacerse de rogar, reaparecía con "Kill Bill" 1 y 2. Bien, homenaje al wuxia, el cine de artes marciales y de guerra orientales, Sonny Chiba, referencias only-for-freaks... No era exactamente lo que esperaba, pero las disfruté muchísimo. Las interpretaba como el descanso del guerrero, un divertimento descomunal, un enorme juguete con el que retozar en espera de su próximo largometraje DE VERDAD.

Su siguiente proyecto empezaba a oler a chamusquina: otro divertimento, esta vez el proyecto "Grindhouse" con Robert Rodriguez. La parte de Tarantino, "Death proof", me resultó descorazonadora. Esta vez el homenaje era al blacksplotation y las películas de persecuciones de coches de los setenta, pero el problema no era ese, sino que los acostumbrados efectismos Tarantino, habitualmente un EPIC WIN detrás de otro, ya no funcionaban de la misma manera. Esas conversaciones sobre cualquier aspecto recóndito de la cultura popular, esas escenas de inadvertida tensión in crescendo, esas actitudes cool... Por primera vez sonaban a impostura. No, impostura no. Desgana. El ceño marcbranchesiano comenzaba a fruncirse.

Este Tarantino 2.0 se confirma con sus siguientes dos películas, que para mí forman una unidad en la práctica, porque son de estructura y ambición muy similares. Ambas revisan dos géneros, el bélico y el western, desde dos obras semidesconocidas que sirven más como punto de referencia que como base argumental u origen de remake: "Aquel maldito tren blindado" para "Malditos bastardos", "Django" para "Django desencadenado". Sin entrar en detalles (porque este es ya el quinto párrafo, y no parece que estemos llegando a ningún sitio), son películas condenadamente entretenidas, filmadas con el sentido cinematográfico que sólo Quentin y un par más pueden aportar, con grandes actores excelentemente exprimidos (lo de Jamie Foxx no lo puede arreglar nadie), escenas memorables (el prólogo de "Malditos bastardos"), escenas descacharrantes (el Ku-Klux-Klan, by Tarantino, en "Django")...


fotico para que respiréis la lectura. Que ahora viene la hostia

... pero también, y aquí es donde  finalmente (¡¡¡HOSSANNA!!! ¡¡¡HOSSANNA!! bramaron las hordas de lectores) (bueno, los dos lectores) (mi madre y yo) quería llegar, dos películas sin sentido de la mesura, demasiado extensas (en especial el más reciente: la baja de Sally Menke, Q.E.P.D., se nota muchísimo), y en el fondo tan vacuas e intrascendentes como las motivaciones de sus protagonistas. Desde "Kill Bill", la mayoría de los personajes de Tarantino se mueven con una sola polea: la venganza. Cada vez nos muestran menos pliegues, menos aristas, son menos complejos. Les hacen una putada y se vengan: punto. Ni comparación con los personajes otoñales de "Jackie Brown", ni los de "Pulp fiction" o "Reservoir dogs", que eran muy molones y masculinos pero tenían una historia detrás. Pero así como con Beatrix Kiddo se molesta en hacerla algo más tridimensional, priorizando al final su instinto maternal y, por qué no, el amor que sentía por Bill (¿no es maravillosamente piadosa la manera en que lo mata?), poco a poco Tarantino va dibujando personajes cada vez más infantilizados, unidimensionales. Las aburridísimas niggas-with-an-attitude de "Death proof" no aguantan media charla, y al final sólo las mueve la venganza para patear el culo de Kurt Russell. En "Malditos bastardos", Hans Landa es la hostia, pero sólo le mueve su aparente lealtad a la causa nazi (y cuando la rompe da lugar al giro de guión más estúpido de la carrera tarantiniana); Shoshanna se mueve por exclusivo sentimiento de venganza; y los bastardos, pues ya me diréis. En cuanto a "Django desencadenado", más de lo mismo: Django es pura venganza (again), Calvin Di Caprio Candie es una caricatura muy divertida, y el golpe ganador es el sirviente negro de Calvin interpretado por Sam L. Jackson, todo un hallazgo que podría haber dado mucho juego si la película se lo hubiese tomado en serio. Las motivaciones del doctor Schultz para hacer lo que hace durante la historia, más allá de su empleo de cazarrecompensas, me resultan absolutamente inextricables.

Séptimo párrafo, lo sé, ya chapo. Todo este pastel para venir a decir que en mi desordenada cinefilia Tarantino tenía que ser el siguiente Scorsese, o el siguiente Peckimpah, o el siguiente Walsh, qué sé yo. Trascender el cine. No lo ha hecho. En lugar de eso, nos esta obsequiando con sus versiones customizadas de los diferentes géneros que mamó en el videoclub de las narices: la de artes marciales de Tarantino, la de guerra de Tarantino, la de persecuciones de Tarantino, la del oeste de Tarantino... ¿Cuál será la siguiente? ¿La del espacio de Tarantino? (oh, wait... señores de Disney, JJ Abrams ha firmado ya?). No puede ser, Quentin, tío (marcbranches mirando a cámara, ojo). Filmas como dios. COMO DIOS. Escribes diálogos que suenan a música recitada. Sacas platino de tus actores. Dominas el formato panorámico como nadie. Tienes el buen gusto de no atender a modas, evitas los CGI's de pandereta, respetas a los clásicos. Pero ya te has divertido bastante. Tómatelo en serio de una puñetera vez. Cumple las expectativas que muchos depositamos en ti.


HAZ. CINE. DE. VERDAD.



(Artículo patrocinado por "40 acres & a Mule")