lunes, marzo 04, 2013
Críticas "versión para móvil": Seven Psychopaths
Mi propósito principal de año nuevo-blog nuevo-dingdingdong era no extenderme de manera agotadora (tanto para el escritor como para el lector) en mis comentarios patilleroanalíticos sobre películas o series, de ahí el concepto "críticas para móvil" que se supone que funciona como represor de instintos verborreicos a Mi Majestad marcbranchesiana. Cual alcohólico reincidente, volví a estirar el chicle con "Los miserables", pero es que Tom Hooper necesitaba una hondonada de hostias y, casualmente, allí estaba yo con un par de bates de béisbol claveteados y mucho tiempo libre. Vuelvo a la talla M. Claro que este primer párrafo no ayuda mucho. Pero prometo que es el último trago de vodka.
No sé qué significa "Seven psychopaths" en la corta carrera cinematográfica (es un más que reputado dramaturgo teatral) de Martin McDonagh. Es un largometraje argumental y conceptualmente ambicioso, que disfruta de un reparto de lujo, pero con un presupuesto similar al de su opera prima, "Escondidos en Brujas", y una necesidad algo extemporánea de gritarle al mundo "YO NO SOY OTRA PELÍCULA DE GANGSTERS FUCKIN' COOL". Cuando, en realidad, durante buena parte del metraje es EXACTAMENTE lo que parece.
Se ha definido "Seven psychopaths" como un mash-up entre Tarantino y Charlie Kauffman. El hallazgo comparativo es tan atinado que se repite hasta la náusea en todas las críticas habidas y por haber. En su base rítmica tarantiniana, el film ofrece un delicioso humor negro desde la primera secuencia, que no desvelaré pero que alegrará los ojos a los seguidores de "Boardwalk Empire" (nota mental: escribir sobre por qué "Boardwalk Empire" es tan ninguneada); en su acompañamiento de guitarra kauffmaniano, la película camina sobre un atractivo aunque irregular discurso metalingüístico sobre la escritura de este tipo de cine. Por lo cual, al inicio del tercer tramo, "Seven pyschopaths" está cerca de caerse de morros, aunque finalmente consigue levantarse, ni que sea por puro divertimento y por estrangulación de los recursos narrativos habituales. Por supuesto ayuda, y cómo, el reparto, impecable en el peor de los casos (peor de los casos=Colin Farrell. Está claro que McDonagh es de los pocos que saben qué hacer con este chico), con mención de honor para Sam Rockwell, delicioso en su suave histrionismo. ¿Y las actrices? Sí, creo que hay un par.
En definitiva: "Seven psychopaths" no revoluciona el género ni explota en tus ojos, y me queda la duda si McDonagh pretendía alguna de las dos cosas. Pero pocas cosas mejores verás en la cartelera hoy en día. Y ya.
viernes, marzo 01, 2013
Skokiaans
"Skokiaan" es una expresión, diríamos, "slang" africana que se refiere a una potente bebida alcohólica sudafricana. Un pelotazo, vamos. Creada por una banda de Rodhesia (la actual Zimbabwe), se popularizó a mediados de los 50 tanto en Yukei como en los Yuesei, a través de una versión del tema proveniente de Sudáfrica. Un grupo de blanquitos canadienses la reversionaron poco después, añadiéndole una letra que describía con jolgorío y, ejem, condescendencia, una África simpática y selvática. La versión es más bien meh. Pero claro, si esa misma letra la cantaba Louis Armstrong, dadle al play ahí arriba, los mofletes más famosos de la historia de la música (hasta la llegada de Adele), la cosa cambia. En la rasgada voz de Satchmo, suena más a una inofensiva celebración de la negritud: hay que joderse con los puntos de vista. En cualquier caso, es la versión (y hay cienes y cienes) que más ha calado en el imaginario musical hasta nuestros días. Me vino a la memoria este tema al ver el piloto de "Treme", en el que el respetado músico de jazz Kermit Ruffins, interpretaba su propia versión:
Y sin embargo, de todas las versiones, me quedo con la que triunfó en primera instancia en Sudáfrica, la de August Musarurwa con la Bulawayo Sweet Rythm Band, que dibuja la influencia africana en la música genital americana: el jazz. Infinite sweetness, nenes.
martes, febrero 26, 2013
Mientras tanto, en un universo alternativo...
27 de febrero de 2012, Hollywood, Estados Confederados de América, Tierra 2. La productora izquierdista Fox y Apple Pictures se asocian para producir y distribuir conjuntamente un crossover de dos de sus franquicias más populares y prestigiosas, "Rocky" y "Toro Salvaje", que parecían fenecidas después de los relativos fracasos de su cuarta y quinta parte respectivamente. Ambas majors pretenden con este proyecto darle un nuevo impulso a ambos personajes, y no descartan, si el éxito les acompaña, una serie de secuelas de dicho crossover. El film, dirigido por el especialista en cine de acción Theos Angelopoulos, narra el regreso al ring de las viejas glorias del boxeo Jake LaMotta y Rocky Balboa, acuciados por deudas y problemas personales, que deciden cada uno por su lado participar en un torneo de veteranos, el Senior Royal Rumble. La imagen de arriba es la primera fotografía oficial que se filtra del rodaje, con Bobby de Niro y Sylvester Stallone posando con sus respectivos vástagos, Francesco Stallone y Dequan Latifah-De Niro, exitosos productores musicales. Recordemos que el vasto reparto, quizás el mejor reunido en los últimos años, lo completan Dean Stockwell, Mercedes Ruehl, David Hasselhoff, William Katt, Nikka Costa, Michael Dudikoff, Charlene Tilton y el multioscarizado Gary Busey. Estreno el 31 de junio.
P.D.: más quisiera. En nuestra tierra, la noticia real es esta, vía Las horas perdidas
sábado, febrero 23, 2013
Tarantino vs. expectativas
Recuerdo perfectamente la primera vez que supe de Quentin Tarantino. Había agitación entre la cinefilia, en aquellos primeros noventa en los que el cine independiente americano estaba encontrando una voz propia, por la aparición de una opera prima que, decían, reinventaba el género de gangsters como nadie lo había hecho desde... bueno, en realidad desde "Uno de los nuestros", que era sólo de un par de años antes, pero ya me entendéis. "Reservoir dogs", en el desaparecido cine Capsa de Barcelona. Sí, mucha agitación entre la cinefilia, pero ahí estábamos cuatro gatos (y cuando digo cuatro, quiero decir unodostrescuatro. Y el acomodador) (sí, esta historia es de cuando había acomodadores). Se utiliza con demasiada ligereza la expresión "es como un puñetazo en el estómago" para definir las sensaciones que desprenden algunas películas, pero con "Reservoir dogs" estaba más que justificado. Salía uno del cine exhausto, ojiplático perdido, anonadado... y silencioso, sumergido en uno mismo para tratar de asimilar lo que acababa de ver.
El silencio también protagoniza mi siguiente experiencia con Quentin. Su segunda película, "Pulp fiction", acunada ya por los Weinstein, había explotado ya en Cannes, y la expectación era hasta absurda. Misma sala, esta vez acompañado por un amigo y su olvidada novia a la que no le gustó nada la película pero todavía menos le gustaba yo. Colas eternas, cine lleno hasta la bandera, atmósfera cargada; se respiraba una sensación similar, imagino, a la del calentamiento del séptimo partido de una final NBA: sabes que vas a vivir algo grande y QUIERES QUE EMPIECE YA. El silencio que acuchilló la sala cuando las luces se apagaron para dar paso al filme sólo se puede definir como silencio cinéfilo. Salimos de la proyección entusiasmados (no, ella no: ella nos miraba con cara de pasmo cada vez que recordábamos, deshuevados, el chiste del ketchup); personalmente, estaba convencido de que Quentin era Dios, y sólo llevaba dos películas. Su relativo batacazo en los Oscars ante "Forrest Gump" ("FORREST GUMP". Ping-pong, teniente Dan, etc. La prueba definitiva de que no existe Dios) no hacía sino reafirmarme en mis convicciones. Cuanto más le rechazara Hollywood, más le adoraría yo.
Tranquilos, que no voy a seguir con el remembering-cuéntame con el resto de su filmografía, ese no es el plan. Trato de contextualizar lo que viene a continuación; y como soy un zote literato, tengo que escribir "trato de contextualizar lo que viene a continuación" para hacerme entender. Cosa que ya os digo que Enric González no necesitaría, pero a lo que vamos. La tercera película de Quentin fue "Jackie Brown", que a casi todo el mundo le pareció una obra menor, pero que a mí, enfrascado en mi idolatría, me parecía que ese giro estilístico y de tratamiento de personajes, maduro, pausado, era un paso adelante definitivo hacia la grandeza. Grandeza nivel scorsesiano, coppoliano, hitchcockiano. Uséase, GRANDEZA. Años después, Quentin, a quien le gustaba hacerse de rogar, reaparecía con "Kill Bill" 1 y 2. Bien, homenaje al wuxia, el cine de artes marciales y de guerra orientales, Sonny Chiba, referencias only-for-freaks... No era exactamente lo que esperaba, pero las disfruté muchísimo. Las interpretaba como el descanso del guerrero, un divertimento descomunal, un enorme juguete con el que retozar en espera de su próximo largometraje DE VERDAD.
Su siguiente proyecto empezaba a oler a chamusquina: otro divertimento, esta vez el proyecto "Grindhouse" con Robert Rodriguez. La parte de Tarantino, "Death proof", me resultó descorazonadora. Esta vez el homenaje era al blacksplotation y las películas de persecuciones de coches de los setenta, pero el problema no era ese, sino que los acostumbrados efectismos Tarantino, habitualmente un EPIC WIN detrás de otro, ya no funcionaban de la misma manera. Esas conversaciones sobre cualquier aspecto recóndito de la cultura popular, esas escenas de inadvertida tensión in crescendo, esas actitudes cool... Por primera vez sonaban a impostura. No, impostura no. Desgana. El ceño marcbranchesiano comenzaba a fruncirse.
Este Tarantino 2.0 se confirma con sus siguientes dos películas, que para mí forman una unidad en la práctica, porque son de estructura y ambición muy similares. Ambas revisan dos géneros, el bélico y el western, desde dos obras semidesconocidas que sirven más como punto de referencia que como base argumental u origen de remake: "Aquel maldito tren blindado" para "Malditos bastardos", "Django" para "Django desencadenado". Sin entrar en detalles (porque este es ya el quinto párrafo, y no parece que estemos llegando a ningún sitio), son películas condenadamente entretenidas, filmadas con el sentido cinematográfico que sólo Quentin y un par más pueden aportar, con grandes actores excelentemente exprimidos (lo de Jamie Foxx no lo puede arreglar nadie), escenas memorables (el prólogo de "Malditos bastardos"), escenas descacharrantes (el Ku-Klux-Klan, by Tarantino, en "Django")...
| fotico para que respiréis la lectura. Que ahora viene la hostia |
... pero también, y aquí es donde finalmente (¡¡¡HOSSANNA!!! ¡¡¡HOSSANNA!! bramaron las hordas de lectores) (bueno, los dos lectores) (mi madre y yo) quería llegar, dos películas sin sentido de la mesura, demasiado extensas (en especial el más reciente: la baja de Sally Menke, Q.E.P.D., se nota muchísimo), y en el fondo tan vacuas e intrascendentes como las motivaciones de sus protagonistas. Desde "Kill Bill", la mayoría de los personajes de Tarantino se mueven con una sola polea: la venganza. Cada vez nos muestran menos pliegues, menos aristas, son menos complejos. Les hacen una putada y se vengan: punto. Ni comparación con los personajes otoñales de "Jackie Brown", ni los de "Pulp fiction" o "Reservoir dogs", que eran muy molones y masculinos pero tenían una historia detrás. Pero así como con Beatrix Kiddo se molesta en hacerla algo más tridimensional, priorizando al final su instinto maternal y, por qué no, el amor que sentía por Bill (¿no es maravillosamente piadosa la manera en que lo mata?), poco a poco Tarantino va dibujando personajes cada vez más infantilizados, unidimensionales. Las aburridísimas niggas-with-an-attitude de "Death proof" no aguantan media charla, y al final sólo las mueve la venganza para patear el culo de Kurt Russell. En "Malditos bastardos", Hans Landa es la hostia, pero sólo le mueve su aparente lealtad a la causa nazi (y cuando la rompe da lugar al giro de guión más estúpido de la carrera tarantiniana); Shoshanna se mueve por exclusivo sentimiento de venganza; y los bastardos, pues ya me diréis. En cuanto a "Django desencadenado", más de lo mismo: Django es pura venganza (again), Calvin Di Caprio Candie es una caricatura muy divertida, y el golpe ganador es el sirviente negro de Calvin interpretado por Sam L. Jackson, todo un hallazgo que podría haber dado mucho juego si la película se lo hubiese tomado en serio. Las motivaciones del doctor Schultz para hacer lo que hace durante la historia, más allá de su empleo de cazarrecompensas, me resultan absolutamente inextricables.
Séptimo párrafo, lo sé, ya chapo. Todo este pastel para venir a decir que en mi desordenada cinefilia Tarantino tenía que ser el siguiente Scorsese, o el siguiente Peckimpah, o el siguiente Walsh, qué sé yo. Trascender el cine. No lo ha hecho. En lugar de eso, nos esta obsequiando con sus versiones customizadas de los diferentes géneros que mamó en el videoclub de las narices: la de artes marciales de Tarantino, la de guerra de Tarantino, la de persecuciones de Tarantino, la del oeste de Tarantino... ¿Cuál será la siguiente? ¿La del espacio de Tarantino? (oh, wait... señores de Disney, JJ Abrams ha firmado ya?). No puede ser, Quentin, tío (marcbranches mirando a cámara, ojo). Filmas como dios. COMO DIOS. Escribes diálogos que suenan a música recitada. Sacas platino de tus actores. Dominas el formato panorámico como nadie. Tienes el buen gusto de no atender a modas, evitas los CGI's de pandereta, respetas a los clásicos. Pero ya te has divertido bastante. Tómatelo en serio de una puñetera vez. Cumple las expectativas que muchos depositamos en ti.
HAZ. CINE. DE. VERDAD.
(Artículo patrocinado por "40 acres & a Mule")
miércoles, febrero 20, 2013
Hall of pufos: Fred Roberts
Ha sido agotador recabar pruebas gráficas de que Fred Roberts, ala-pívot mormón de 2'08 con amplia experiencia en la NBA, jugara en el Barça durante la temporada 1993-1994. El video de arriba, con unos mates y tal, es lo único que comenta Youtube sobre el tema, y San Google sólo ha encontrado una foto. Esta:
| Y encima encontrada en la página oficial del Madrid. Manda güevos |
Sin embargo, esta foto resume perfectamente el final de su etapa azulgrana: sodomizado por Sabonis. Roberts parecía ser la respuesta a la búsqueda de estrellas que comandaran los diversos proyectos de Aito para conseguir la maldita Copa de Europa, ya que el espíritu coral tradicional de los equipos de Don Alejandro no parecía ser suficiente. Se intentó durante aquellos años con jugadores tan distintos como Kukoc, Chris Morris, Dino Radja, George Muresan o Tom Chambers, fracasando todos ellos por diversas razones: espantadas de última hora, revisiones médicas negativas o la más vulgar falta de pasta. Hasta a Bo Kimble tocaron. Finalmente llegó Fred Roberts, a sus 33 años un jugador de rotación en la NBA con minutos de calidad en aquellos aburridísimos Milwaukee Bucks de Jack Sikma, Frank Bricowski y Dale Ellis. Llegaba al Barça un jugador NBA que YO CONOCÍA, y eso era toda una novedad.
Dicen que le explicó a Aíto el tipo de defensa del pick & roll llamada "blue" que se utilizaba en la NBA, y desde entonces se utiliza en la mayoría de los equipos. Si es así, sin duda es la mayor aportación que realizó al baloncesto europeo. Ojo, sus números blaugrana no son malos: casi 15 puntos y 6 rebotes por partido, aunque eran otros tiempos en los que los extranjeros aportaban bastante más que ahora. Estadísticas, en cualquier caso, que no reflejan la profunda decepción que causó entre los seguidores del equipo, en particular por sus patéticas prestaciones en los momentos calientes de la temporada: la Final Four de Tel Aviv y la final ACB contra el Madrid de Sabonis y Arlauckas. De la semifinal de la Copa de Europa contra el Joventut ha quedado en nuestra memoria la nociva zona que en la segunda parte se empeñó en mantener The Master a pesar del granizo de triples sin oposición que le iban cayendo desde las muñecas de Tomás Jofresa y Jordi Villacampa (dos días después el ídolo fue Corny Thompson). Pero los 7 pírricos puntos de nuestro mormón protagonista ayudaron lo suyo.
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| La Penya jugó con 7 jugadores. A Pascual le da un patatús |
Con la irregularidad por bandera, fruto quizás de su falta de costumbre a un rol de protagonista que nunca había ni rozado en su trayectoria NBA, Roberts llegó a la final ACB contra el Madrid con el respeto de los rivales y la desconfianza del aficionado. Yo, personalmente, le odiaba. Pensaba que un jugador que acababa de promediar 10 sólidos puntos en un buen (aunque narcótico) equipo en-bi-ei, estaba obligado a ser un jugador absolutamente dominante en Europa. Pero claro, "dominante" era el tercer apellido de un tal Arvidas Romas Sabonis. Así que el Real Madrid, que habia fracasado en la máxima competición al no clasificarse para la FF, se subió a las rodilleras de Sabas y nos zurró un incontestable 3-0. Lo único destacable que hizo Fred Roberts fue recibir un mamporro de Cargol sin castigo en el segundo partido que generó cierta polémica arbitral, y ser absolutamente apabullado por Joe Arlauckas.
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| Ojo-último párrafo: "Roberts rozó el ridículo" |
Aquí sí que no hubo zona bananera que sacara al mormón del punto de mira de la horda cabreada blaugrana, y Roberts fue finiquitado poco después. Ni cumplió las expectativas, ni se echó el equipo a la espalda, ni resolvió en los momentos clave, ni nada de nada. Ni siquiera fue el mejor extranjero del equipo: un sorprendente Tony Massenburg, tan limitado como corajudo, le pasó por la derecha con una regularidad impresionante, lo que le valió un contrato con los Clippers y una carrera de jornalero en la NBA más que digna.También Roberts regresó a la liga americana engañando a los Cavaliers, e incluso luego un año en los Lakers (L. A., ese cementerio de elefantes: el Milan de la NBA) pero estaba ya en plena decadencia y su papel no pasó de "toallero nº 3".
Al año siguiente, el Barcelona consiguió fichar por fin a la deseada estrella:
LeRon Ellis.
Sí, ese era el nivel. Me cagüenelcortedeucla.
P.D.: la hemeroteca de Mundo Deportivo es una AUTÉNTICA GOSADA. Justo lo contrario de su línea editorial.
domingo, febrero 17, 2013
Lela y Juan. Gabi. Miquel. Gudayol. Pipo. El Gordo Odena. Joan Dalmau
Hace unos días la Academia de Cine anunció el deceso del actor catalán Joan Dalmau a la edad de 85 años. Aunque apareció en forma de breve en la mayoría de diarios e informativos, me parece que la noticia ha pasado bastante desapercibida. No seré tan hipócrita de declararme seguidor incondicional de su trabajo, entre otras cosas porque la mayoría de su carrera discurrió entre bambalinas y escenarios, y debutó en el cine nada menos que a los 57 tacos en un anecdótico papel ("jardinero", según Imdb) en la adaptación de "Últimas tardes con Teresa" realizada por Gonzalo Herralde en 1984. Su carrera cinematográfica comenzó a despegar en "Secretos del corazón", que en 1997 resultó un considerable éxito de crítica y público, y en el que Dalmau tenía un secundario de peso. Pero su apertura al gran público llegó con "Soldados de Salamina" y su inolvidable, descreído, rugoso, huraño y en el fondo extraordinariamente sentimental Miralles. Fue nominado a los Goya y recibió la cariñosa mención de Eduard Fernández, el ganador, en su discurso de aceptación del premio. A partir de aquí se multiplicó su currículum hasta su retirada después de "Los ojos de Julia" en 2010.
Pero para mí Joan Dalmau siempre será Miralles recordando, con aquella voz de lija a punto de romperse, con una dicción y sentido de la pausa insólita en el mundillo de la interpretación de este país, a aquellos compañeros de batalla, de idea, de fracaso, que cayeron a su lado y a los que su ajada memoria no iba a permitir perecer mientras pudiera recordarles: “Los hermanos Segués; Miquel Cardós; Gabi Baldrich; Pipo Canal; el Gordo Odena; Santi Brugada; Jordi Gudayol. Todos muertos". Una escena que cada vez (CADA JODIDA VEZ) que veo me electrifica el espinazo. Y eso es exclusivamente gracias a Joan Dalmau y el manejo de su arte. Así que Joan, yo tampoco voy a permitir que muera tu recuerdo, ni que sea a través de esta torpe reseña y la ayuda de Youtube. Salud.
jueves, febrero 14, 2013
La felicidad y Patrick Wilson
Si no has visto la película "Young Adult" ni el episodio 2x04 de la serie "Girls", y tienes pensado verlos en algún momento de tu existencia...
SPOILERS
OJOCUIDAO
DO NOT CROSS
CACA
HE DICHO QUE SPOILERS, LECHE
Hace unos días, debido seguramente a algún tipo de insólita alineación de planetas, apareció, por duplicado y sin pretenderlo, el actor Patrick Wilson en mi deglución diaria de cultura: primero en la película de Jason Reitman "Young Adult", y posteriormente en el capítulo 2x04 de la serie de HBO "Girls". Seguramente esto significará algo realmente malo en alguna religión ancestral africana, pero prefiero no saberlo. Y sin embargo, mi capacidad para la percepción en 4D me permitió observar una relación más allá de la evidente coincidencia actoral...
Definición del procedimiento interpretativo de Patrick Wilson: más soso que una dieta para hipertensos. No es el tipo de actor que se esperaría para dos propuestas de carácter indie como son las de Jason Reitman (y su guionista, la ex-stripper Diablo Cody) y Lena Dunham. Sin embargo, el actor encaja como guante largo a Jessica Rabbit tanto en una como en otra. Tal como ocurre en cierta medida con Robert Pattinson en "Cosmópolis", Patrick Wilson es utilizado no tanto por sus valores interpretativos sino, precisamente, por su falta de ellos. En ambos casos, Wilson es la encarnación de la felicidad. O, mejor dicho, de una imagen icónica, estandarizada, prototípica, de la felicidad. El de "Young Adult" con un perfil típico de poblacho del interior estadounidense profundo: guapete, conservador, responsable, trabajador, inocentón, detallista con su mujer, cariñoso con su hijo recién nacido... sí, es un poco paleto, está idiotizado por la falta de incentivos culturales y lleva pullovers encima de camisas de cuadros que van por dentro del pantalón, pero eso en la pacífica aldea de Mercury, Nevada son puntos a favor.Y, en particular, en la cabeza de ese magnífico personaje de glorioso nombre, Marvis Gary, interpretado por Charlize Theron, que en esta película demuestra, definitivamente, por qué ella es una DIOSA y nosotros no lo somos. Marvis es una urbanita cuasi-cuarentona deprimida que de repente se convence de que el hombre de su vida ha de ser su primer novio (porque las primeras impresiones son las que valen), y vuelve a su pueblo de origen para intentar reconquistar a Patrick Wilson, sin importarle según qué menudencias vitales, como que esté hipercasado, con un hijo recién nacido y aparentemente pleno de satisfacción con su vida. Para Marvis, Patrick Wilson, el típico capitán del equipo de fútbol americano del colegio, ES la felicidad. Y se llevará todo lo que se encuentre por delante para conseguirla.
El Patrick Wilson de "Girls" es diferente, pero tan estereotipado como el de "Young Adult": un médico separado (por favor...) guapete, responsable, simpático, cariñoso, con una casa enorme y limpia ("tu casa parece un decorado de una película de Nancy Meyers"), y un frigorífico enorme y LLENO, el típico cuarentón urbanita de clase media-alta. Hannah (Lena Dunham), la protagonista, va a visitarle para disculparse por utilizar furtivamente su contenedor de basura, y acaban enmarañándose en una maratón 24 horas de sexo, confidencias, sexo, barbacoa, sexo, ping pong nudista, sexo y desayuno con periódico. Y sexo. Hasta que en un momento determinado, Hannah arranca a llorar, ante la atónita mirada de sosoman. ¿Te ocurre algo, he dicho algo inconveniente? (TODOS los hombres hemos pasado por este momento de desconcierto absoluto unas cuantas veces en nuestras vidas) (paréntesis patrocinado por la Asociación Nacional de Feministas) No: Hannah llora de puro estado de shock. Hannah, una hipster convencida, aspirante a literata, indie de manual, devoradora de experiencias vitales extremas... quiere lo mismo que los demás. En el fondo, es tan vulgar como ese resto del mundo al que mira por encima del hombro. Patrick Wilson, su nevera perfecta, su barbacoa perfecta, su trabajo perfecto, sus polvos perfectos, su nómina perfecta, su casa perfecta de película de Nancy Meyers, son también su ideal de felicidad. Ahora que Hannah lo ha experimentado durante unas cuantas horas lo sabe, y llora porque descubre que quizás no es la persona que, a sus 24 añitos, simulaba ser. Patrick Wilson ES la felicidad, y tiene mucho sentido que llore por eso.
Aparte del onanismo mental que me ha llevado a haceros aguantar todas estas chorradas, no he sido capaz de llegar a ninguna conclusión útil. No sé si Patrick Wilson es la felicidad, entre otras cosas porque yo, a diferencia de Hannah o Marvis, no soy capaz de visualizarla, definirla y mucho menos focalizarla en un objetivo, en un paradigma tan concreto. No sé, gente. Quizás la felicidad consista en no darse cuenta de que no eres feliz.
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